¿Arderá por eso Francia… y el mundo?
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Isabel Bohorquez
La estupidez es una condición peligrosa.
Gustave Le Bon (sociólogo y psicólogo francés) afirmó en su célebre libro de 1895 Psicología de las masas[1] -una obra cumbre sobre el comportamiento colectivo- “En las muchedumbres, lo que se acumula no es el talento, sino la estupidez”.
Le Bon explicaba en su texto que cuando los individuos se unen en una masa, sus facultades intelectuales y su personalidad individual se diluyen, dando paso a un “alma colectiva” dominada por los instintos más básicos y la pérdida del criterio propio.
Estupidez, en su origen clásico en latín, no implicaba necesariamente una falta de inteligencia congénita o permanente, sino más bien un estado de bloqueo mental, asombro o torpeza transitoria ante algo. Con el tiempo la palabra evolucionó para designar una torpeza notable para comprender las cosas.
¿Eso nos está pasando?
¿Estamos teniendo una notable torpeza para comprender las cosas?
¿Cuál sería la manera acertada de comprender las cosas?
Ordené mi pensamiento en dos partes:
- Una, las dificultades (las cosas a comprender) que está teniendo Francia en este momento histórico y la manera en que está afrontando las mismas.
- Y dos, los síntomas de una sociedad estupidizada que le impiden comprender y solucionar sus dificultades entrando en una espiral de sin sentido y autodestrucción.
Tapando el sol con la mano: los problemas económicos y sociales crónicos de Francia
Francia disimuló sus miserias durante décadas, amante eterna del quehacer revolucionario, enamorada nostálgica de la lucha callejera y con un sesgo patibulario por su tendencia a las expresiones sangrientas, no ha logrado resolver ninguno de los desafíos que se vienen gestando hace ya mucho tiempo.
Autora ideológica y material de la división del mundo en izquierda y derecha, no ha logrado construir un tejido social basado en su célebre grito de Libertad, Igualdad y Fraternidad.
Y hoy, 237 años después, habiendo trascurrido dos guerras mundiales, cuatro revoluciones tecnológicas y tantos acontecimientos globales que reconfiguraron el mundo, salen a tomar la Bastilla nuevamente y rompiendo todo a su paso con consignas como “Si ardemos, arderán con nosotros” (Si nous brûlons, vous brûlerez avec nous) o “La Revolución o la muerte” (La revolution ou la mort).

La Francia para los franceses se está incendiando y quienes encienden la mecha son propios y a su vez ajenos, muchos nacieron allí pero no consideran la bandera francesa como propia y se sienten defraudados por un sistema republicano que los usó y los olvidó. Esos hijos de inmigrantes han salido a la calle junto con todos los que están en discordia con el actual gobierno, muchos de ellos adoleciendo de la estupidez autodestructiva que los estimula a hacer cosas que no harían si estuvieran solos y muchos otros, con justas razones, pero sin otro recurso más que la violencia.
Además, parece que la calle está destinada a ser tomada y mancillada en aras de una buena excusa.
¿Cuáles son los verdaderos problemas que tiene Francia?
Es un país rico, ya lo dijimos[2], séptima economía a nivel mundial y segunda economía europea, con un Producto Bruto Interno (PBI) de más de 3,1 billones de dólares. Su riqueza actual se distribuye bajo la siguiente composición sectorial:
• Sector Terciario y de Servicios (70,9 % del PBI): Es el gran motor nacional, incluye al turismo mundial (más de 100 millones de visitantes al año), la banca, los seguros y el hub financiero de París.
• Industrias de Alta Tecnología y Manufactura Avanzada (16,8 % del PBI): Concentra los sectores de exportación más ricos del país, destacando la industria aeroespacial y de defensa (Airbus, aviones de combate Rafale), la farmacéutica (Sanofi) y el millonario mercado global del lujo (LVMH, Hermès, L’Oréal).
• Sector Agrícola (1,3 % del PBI): Consolida a Francia como la mayor potencia agropecuaria de la Unión Europea (trigo, maíz, lácteos y sus vinos icónicos de Bordeaux o Champagne).
• Impuestos netos y otros componentes (11,0 % restante): Completa el total de la riqueza anual generada.

Francia no se ha empobrecido en su totalidad; lo que ha ocurrido es que su riqueza se ha concentrado de manera extrema, rompiendo el ascensor social que antes funcionaba para todos.
El empobrecimiento en Francia afecta a dos realidades geográficas y sociales completamente distintas, lo que divide al país en dos tipos de “pobres” enfrentados electoralmente.
Christophe Guilluy[3] divide el mapa social en dos fracturas:
• La pobreza de la periferia urbana (Banlieues): donde se concentra una porción muy alta de inmigrantes y sus descendientes. Es una pobreza de alta densidad, muy visible, concentrada en monobloques de hormigón en las afueras de París, Lyon o Marsella. Sufren tasas de desempleo juvenil de hasta el 40 % y exclusión laboral por discriminación de apellido o dirección. Ya lo hemos afirmado, este es el sector que hoy principalmente protagoniza los disturbios en los liceos y universidades y que la izquierda quiere conquistar.
• La pobreza de la “Francia Periférica” (Zonas rurales y antiguas ciudades industriales): es mayoritariamente de franceses de origen. Es una pobreza invisible, dispersa en pueblos agrícolas del interior o pueblos del norte y este del país donde las minas y las metalúrgicas cerraron. Son familias de clase media trabajadora que se han empobrecido debido a que el empleo genuino desapareció y los costos de vida (combustible, luz, gas) no paran de subir. Este sector no quema contenedores; canaliza su frustración votando masivamente a la derecha de Marine Le Pen.
Por todo ello, Francia enfrenta una severa asfixia fiscal caracterizada por un déficit que ronda el 5,4 % del PBI y una deuda pública bruta que roza el 119 % de su PBI[4]. Esta situación la obliga a implementar un drástico ajuste presupuestario cercano a los 60.000 millones de euros[5].
Las causas de este declive económico estructural radican en una grave trampa demográfica por el envejecimiento de la población -que dispara el gasto en pensiones y salud-, una profunda desindustrialización que destruyó el empleo intermedio y achicó la base de recaudación fiscal, y décadas de un gasto público asistencialista insostenible financiado exclusivamente de forma crónica mediante el endeudamiento.
Las dificultades económicas estructurales de Francia no surgieron de la noche a la mañana; son el resultado de un proceso de deterioro fiscal e industrial que comenzó a gestarse a mediados de la década de 1970 y que se ha agudizado de forma crítica en los últimos años.
Los historiadores y economistas del Instituto Nacional de Estadística y de Estudios Económicos de Francia (INSEE)[6] dividen esta trayectoria en cuatro grandes momentos históricos:
1. El fin de las Treinta Gloriosas: hasta 1974, las cuentas públicas de Francia estaban equilibradas o en superávit gracias al extraordinario crecimiento de la posguerra. La crisis del petróleo de 1973 interrumpió ese motor económico y para mitigar el desempleo y proteger el modelo social gaullista, el Estado comenzó a gastar de manera sistemática más de lo que recaudaba. Francia no ha tenido un solo presupuesto anual con superávit desde 1974.
2. La desindustrialización: A partir de los años 80, la apertura de los mercados globales provocó el cierre paulatino de las cuencas mineras y las grandes cadenas de montaje de automóviles en el norte y el este del país. Esto destruyó los empleos estables de la clase obrera, mermando los ingresos fiscales por impuestos al trabajo y expandiendo el gasto en subsidios por desempleo.
3. El acelerador de las crisis del Siglo XXI (2008 y 2020): Si bien el déficit ya era crónico, el volumen de la deuda bruta se mantenía en niveles manejables. Sin embargo, dos shocks externos dispararon las cifras de forma insostenible, la crisis financiera de 2008, para salvar el sistema bancario bajo el mandato de Nicolas Sarkozy, la deuda bruta dio su primer gran salto, superando la barrera del 80 % del PBI. El déficit fiscal llegó en 2009 a un récord histórico en tiempos de paz del -7,4 % del PBI y la pandemia de COVID-19 (2020), bajo la estrategia de Macron de proteger la economía «cueste lo que cueste», el Estado absorbió masivamente los salarios de las empresas mediante programas de desempleo parcial. Esto provocó un colapso fiscal que llevó el déficit al -8,9 % del PBI en 2020 y empujó la deuda pública bruta a superar el 115 % por primera vez.
4. El «bucle» postpandemia y la crisis energética actual (2022-2026): A diferencia de otros países europeos, Francia se instaló desde 2022 en un bucle de déficit crónico superior al 5 % del PBI. La inflación global y el fuerte incremento de los precios de la energía tras la guerra en Ucrania desaceleraron el consumo interno.
En resumen, Francia sigue produciendo billones de dólares al año, su problema no es la falta de dinero, sino cómo mutó el sistema productivo desde las Treinta Gloriosas. La riqueza actual de Francia ya no se genera contratando a miles de obreros en las fábricas de autos o textiles de la posguerra; hoy la riqueza se produce en burbujas hiper-tecnológicas, el sector financiero y los imperios del lujo (como LVMH o Hermès). Las clases populares (tanto nativas como inmigrantes) no tienen acceso a estos empleos de alta cualificación.
Colapsó la clase media, los antiguos obreros estables pasaron a ser repartidores de aplicaciones, cajeros de supermercado a tiempo parcial o desempleados crónicos que dependen de subsidios estatales. El INSEE revela que el porcentaje de franceses que admite pasar frío en invierno por no poder pagar la calefacción casi se ha duplicado. Esto golpea por igual al jubilado nativo en un pueblo que a la madre soltera de origen argelino en un suburbio.
La acumulación de déficit y declive económico ha dejado al gobierno sin margen de maniobra, lo que desembocó en el severo e histórico paquete de recortes presupuestarios para frenar la inercia de una bola de nieve fiscal que lleva más de 50 años creciendo.
¿Nadie advirtió antes la necesidad de frenar este proceso de deterioro?
¿Ni la izquierda ni la derecha nacidas en Francia y para los franceses?
¿Cómo se recupera un país si sigue repitiendo sus errores década tras década?
Francia sin franceses
Un problema directamente asociado a su crisis actual es el demográfico.
Los franceses nativos son cada vez menos y mayores en edad. El país muestra un marcado proceso de envejecimiento, actualmente, las personas de 65 años o más representan el 22,2 % del total de habitantes, igualando prácticamente al grupo de jóvenes menores de 20 años (22,5 %).
La población de origen inmigrante (nacidos en Francia o extracomunitarios-nacidos fuera de Europa) es cada vez más numerosa y marginal en su condición de vida.
Este problema tampoco es reciente, tiene décadas de arrastre.
¿Nadie quiso ver los marginales en una sociedad con un profundo sentimiento nacionalista (Francia para los franceses) pero sin capacidad de integrar realmente a la población inmigrante que, por otra parte, necesitó y necesita para su sostenimiento?
¿Nadie aportó soluciones de fondo?
¿Nadie se ocupó de pensar y actuar acertadamente de acuerdo a los problemas que fueron anidando en ese núcleo poblacional? Y va creciendo, mientras los franceses nativos mueren poco a poco.
Francia tiene aproximadamente 69,1 millones de habitantes, de acuerdo con el balance demográfico oficial elaborado por el INSEE[7], la población oficial se desglosa de la siguiente manera:
• Francia Metropolitana: 66,8 millones de personas residen en el territorio continental europeo.
• Departamentos de Ultramar: 2,3 millones de habitantes viven en los cinco territorios fuera del continente (como Guadalupe, Martinica, Guayana Francesa, Reunión y Mayotte).
El saldo vegetativo o natural pasó a ser negativo debido a que se registraron más fallecimientos que nacimientos, registrando una tasa de fecundidad de 1,56 hijos por mujer. Las cifras muestran alrededor de 645.000 nacimientos frente a 651.000 muertes por lo que el leve crecimiento total de la población (0,25%) se sostiene exclusivamente gracias al saldo migratorio neto positivo (entra más gente a vivir a Francia de la que se va) que se mantiene estable aportando unas 176.000 personas netas al año.

Los residentes nacidos fuera de Francia alcanzan los 9,6 millones de personas (14 % de la población total). Sin embargo, si el análisis se amplía a la segunda generación (hijos de inmigrantes nacidos en suelo francés), el porcentaje dentro del segmento juvenil (menores de 25 años) se eleva sustancialmente, llegando a representar entre el 25 % y el 30 % de la juventud en las áreas metropolitanas y superando el 50 % en departamentos periféricos como Seine-Saint-Denis.
El Ministerio del Interior[8] registró la emisión de un récord histórico de 384.000 primeros títulos de residencia anuales. El grueso de estos visados se entrega por reagrupación familiar, motivos humanitarios/asilo y estudiantes internacionales; la inmigración puramente económica (por contratos de trabajo) representa solo el 13 % del total.
El origen de inmigrantes residentes se diversifica principalmente en: África (49,2 %) -liderado por Argelia, Marruecos y Túnez-, Europa (30,3 %) -Portugal, Italia y España-, y el 20,5 % restante repartido entre Asia y América.
Respecto a las estimaciones sobre la inmigración ilegal, al tratarse de un fenómeno clandestino, se calcula su volumen a través de proyecciones e indicadores públicos indirectos.
El Ministerio del Interior estima que residen en el país entre 600.000 y 900.000 personas en situación irregular. El indicador principal utilizado es el registro de la Ayuda Médica del Estado (AME), un programa público de salud que garantiza cobertura médica gratuita a extranjeros indocumentados que llevan más de tres meses en el país. Dado que entre 400.000 y 450.000 personas se anotan habitualmente en este padrón sanitario, las autoridades extrapolan la cifra sumando a quienes no se inscriben por temor o desconocimiento.
En los barrios periféricos con alta población de origen inmigrante, los gobiernos de izquierda aplicaron durante décadas la “política de la ciudad” (Politique de la Ville) que consistió en volcar miles de millones de euros en subsidios, centros sociales y remodelaciones edilicias.
Estas medidas funcionaron como un analgésico asistencialista, pero fracasaron en la inserción real. No resolvieron el desempleo juvenil (del 40%), no mejoraron la calidad real de la educación pública básica y permitieron que los guetos se consolidaran como focos de segregación cultural y socio económica.
Si además consideramos que dentro de la población activa (aportante) la mayoría son franceses nativos (que van reduciéndose poco a poco) y que los inmigrantes tienen un caudal importante de población asistida o con desempleo, el equilibrio entre aportes y pensiones se hace inviable.
La tasa de desempleo general entre los inmigrantes extracomunitarios entre 15 y 64 años (15,9 %) duplica la de los nativos (7,5%) y en los jóvenes menores de 25 años de las banlieues supera de forma crónica el 40%.

En las estadísticas oficiales francesas, el desempleo de los jóvenes inmigrantes rompe la media general de forma dramática, el INSEE registra tasas de desempleo juvenil de hasta el 33% en mujeres inmigrantes jóvenes y cifras que rozan o superan el 40% si se aísla a aquellos jóvenes sin títulos educativos o que viven en barrios periféricos (Quartiers de la politique de la ville). También, por razones culturales y religiosas ligadas a las comunidades de origen magrebí y subsahariana, la tasa de inserción de las mujeres en el mercado laboral formal es extremadamente baja en comparación con las mujeres nativas francesas.
En consecuencia, al haber tantas personas en edad de trabajar fuera del sistema formal o subempleadas, estas poblaciones pasan a depender de la red de asistencia pública (como el ingreso mínimo de solidaridad o subsidios de vivienda), presionando el gasto social del Estado.
¿Nadie pudo anticipar esta realidad en los últimos 50 años?
¿Nadie advirtió el descenso poblacional nativo y el ascenso poblacional inmigrante?
¿Nadie pensó cómo resolver esa ecuación demográfica?
La vejez francesa y la crisis previsional
El escenario demográfico francés actual ejerce una presión crítica sobre su sistema de pensiones de reparto, el cual depende enteramente de la relación cuantitativa entre la población activa aportante y la clase pasiva en retiro que representa el mayor rubro de gasto del Estado de Bienestar.
Las pensiones consumen 436.000 millones de euros anuales (aproximadamente el 14 % de todo el PBI francés), situándose como uno de los desembolsos más altos de todo el mundo occidental.
Además, la esperanza de vida y las jubilaciones tempranas hacen que un beneficiario promedio disfrute de 25 años de retiro. Con el envejecimiento poblacional actual, los analistas estiman que -en las próximas décadas- cada trabajador activo tendrá que pagar el doble de impuestos solo para sostener las pensiones, un esquema matemáticamente inviable.
En febrero de 2026, bajo el mando del primer ministro Sebastien Lecornu, el gobierno se vio forzado a suspender formalmente la polémica reforma de 2023 que pretendía elevar la edad jubilatoria de los 62 a los 64 años. Para asegurar la supervivencia del presupuesto y calmar los paros masivos, se pactó congelar ese aumento de edad hasta después de las próximas elecciones presidenciales de 2027.
Así, a partir del 1 de septiembre de 2026, la edad legal de retiro retrocedió de hecho para las generaciones nacidas a mediados de los 60. Si bien esta medida fue celebrada por los sindicatos y la izquierda radical como una conquista social, dejó un agujero fiscal de miles de millones de euros que el Estado ya no puede financiar con ingresos genuinos.
Informes de auditoría financiera del Ministerio de Hacienda revelaron una «bomba económica», el 32 % de todo el presupuesto destinado al Ministerio de Educación Nacional se gasta exclusivamente en pagar las pensiones de los docentes ya jubilados del sector público. Es decir, un tercio del dinero de la educación no va a las escuelas ni a contratar nuevos profesores.
El presupuesto en debate contempla medidas desesperadas para ahorrar 4.100 millones de euros congelando la actualización por inflación de las jubilaciones más altas, no obstante, la propuesta enfrenta una feroz resistencia en la Asamblea Nacional, ya que los jubilados representan el bloque de votantes más numeroso y fiel del país.

Francia se encuentra así atrapada en su propio laberinto.
El país tiene a un tercio de su juventud metropolitana de origen inmigrante atascada en un sistema educativo degradado y fuera del mercado laboral formal. En lugar de ser una fuerza productiva de alta cualificación que financie las pensiones, gran parte de esta generación se convierte económicamente en un costo neto para el Estado debido al gasto en seguridad, subsidios y planes de asistencia social. Para cubrir el bache entre lo que gasta en ayudas sociales y lo que recauda de una base de trabajadores activos que se achica, el gobierno ha tenido que endeudarse de forma crónica.
La inmigración aporta jóvenes para el relevo poblacional, pero si 4 de cada 10 jóvenes en ciertos sectores o perfiles no logran trabajar, el Estado francés no recauda las cotizaciones que necesita de forma urgente para pagar las pensiones de la masa de nativos que se está retirando.
¿Cuáles son las propuestas parlamentarias de la izquierda y la derecha ante la problemática previsional?
Marine Le Pen / Jordan Bardella (derecha) defienden la jubilación a los 60 años para quienes empezaron a trabajar temprano. Proponen financiar el sistema mediante un estricto control migratorio (eliminando las ayudas sociales no contributivas a extranjeros) y la supresión de la burocracia estatal redundante, priorizando los recursos para los nativos franceses.
Jean-Luc Mélenchon / La Francia Insumisa (izquierda) exigen derogar definitivamente las reformas de austeridad y proponen financiar las pensiones mediante una reforma fiscal agresiva. Esto incluye la creación de nuevos impuestos a los “superricos”, un gravamen especial a los beneficios de las grandes multinacionales del lujo y la tecnología y el aumento de las contribuciones patronales.
¿Y qué pasa con los sectores marginales? Pobres en la vejez
El sistema jubilatorio francés exige acumular hasta 43 años de aportes efectivos para acceder a una pensión completa sin penalizaciones. Esta regla condena a la exclusión a los sectores vulnerables de las banlieues.
Debido al desempleo juvenil crónico, el subempleo y los trabajos informales de plataforma (Uber, repartos), los descendientes de inmigrantes ingresan muy tarde o de forma intermitente al mercado laboral formal.
Al llegar a la edad de retiro, la inmensa mayoría de estos trabajadores no cumple con los años exigidos, quedando condenada a pensiones mínimas de miseria o dependiendo exclusivamente de los subsidios de asistencia social del Estado, lo que profundiza el ciclo de resentimiento y marginación intergeneracional.
¿Nadie pudo anticipar que el caudal de aportes se reducía mientras aumentaba la población asistida?
¿Nadie pudo advertir el desequilibrio de un sistema que requiere 3/4 aportantes por cada jubilado y hoy tiene 1,7?
Parece que no.
¿Francia tiene más problemas que los descriptos aquí?
Sí, pero hacemos un stop asumiendo que los planteados son la base material de la crisis que atraviesa.
¿Cómo los está intentando resolver?
Estúpidamente.
Con una notable torpeza para la comprensión mutua, siendo una sociedad que se enfrenta, se lastima y se dispone incluso a la aniquilación antes que a buscar nuevas respuestas.
Estupidez genuina, contratada o financiada, estupidez suicida e infecunda.
Profundizaremos en esta condición en el próximo texto.
[1] Le Bon, G. (1895). Psychologie des foules [Psicología de las masas]. Félix Alcan, Ediciones Morata, 2020
[2]https://isabelbohorquez.com/2026/10/11/mentiras-verdaderas-francesas/
[3] https://lecturassumergidas.com/2019/06/29/christophe-guilluy-no-society/
[4] https://www.reuters.com/business/french-finance-ministry-expects-record-debt-2026-reaching-nearly-120-gdp-2026-09-19/
[5] https://www.fitchratings.com/research/sovereigns/frances-2027-budget-plan-points-to-weaker-fiscal-starting-point-12-10-2026
[6] https://www.insee.fr/en/statistiques/9057140
[7] https://www.insee.fr/en/outil-interactif/5543645/europe/20_DEM/21_POP/21I_FigureE3
[8] https://www.insee.fr/fr/outil-interactif/5367857/details/20_DEM/25_ETR/25A_figure1
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