Al filo del destino

¿La crisis civilizatoria en Europa ya comenzó?

Isabel Bohorquez

Se han registrado protestas por distintos motivos en ciudades de toda Europa, desde Milán y Madrid hasta Lisboa y Tirana. Los manifestantes han salido a las calles para reclamar mejoras en las pensiones, la vivienda y la educación, denunciar la corrupción y protestar contra la guerra, en una jornada marcada por reivindicaciones muy diversas en todo el continente.[1]

Las razones manifestadas en las protestas son las facturas de luz, gas, la falta de viviendas, las pensiones, el deterioro en la calidad educativa, etc., como si de pronto estos países se hubieran empobrecido delante de nuestras narices (y las suyas).

Algo parecido a un efecto de contagio que pone en evidencia los problemas (energéticos, habitacionales, laborales, previsionales, educativos, sanitarios, etc.) que se han vuelto crónicos en una Unión Europea cada vez más débil, más anciana y más ineficiente. Y, aunque prometí abordar los síntomas de una sociedad estupidizada que le impiden comprender y solucionar sus dificultades entrando en una espiral de sin sentido y autodestrucción, antes quiero tratar brevemente un escenario sobre quiénes ganan si Europa pierde.

Me interesa reflexionar sobre qué está pasando en Europa porque entiendo que es esta una lección para el resto de Occidente.

Tenemos problemas en común respecto al bienestar económico y social (cosa impensable hace unos pocos años y mirando desde nuestro lente latinoamericano) y tenemos una crisis de valores que podemos considerar similar.

¿El destino de estupidez parece esperarnos sin remedio?

Confío en que no.

Anhelo que lo que hoy es una reacción furiosa, plagada de contradicciones y autodestructiva en muchos aspectos, pueda ser la cúspide de un proceso revulsivo que traiga un nuevo impulso civilizatorio.

¿Por qué digo esto?

En principio, ya está en marcha y marca un itinerario aún poco predecible pero creciente.

Luego, entonces, necesitamos acudir a la memoria reflexiva, recordar y pensar.

Eso nos salva de la estupidez, o sea, de esa notable torpeza para comprender las cosas como afirmaba Le Bon[2] cuando las muchedumbres se ponen en marcha perdiendo su individualidad y, quizá así, nos permita conservar algo de perspectiva.

Recordar que la Unión Europea no ha estado siempre allí, aunque muchos jóvenes hoy vociferando en la calle ni lo tengan en cuenta.

Recordar que Europa se ha levantado de sus propias cenizas.

Recordar que Europa (continente faro de Occidente y del resto del mundo aún a su pesar) ha tenido y tiene enemigos feroces que procuran su debilitamiento. Mientras las calles se pueblan de consignas, reclamos y actos violentos, hay quienes festejan la fragilidad política y social que promete acrecentarse en tiempos electorales clave para varios de sus países (Francia, España, Italia, Grecia, Polonia).

Europa hoy necesita tomar decisiones en conjunto, ya no es solamente Macron, Meloni u otro líder político.

¿El derrumbe de la Unión Europea?

Las especulaciones que pueden hacerse sobre quiénes se benefician si Europa y más precisamente la Unión Europea, es derrumbada a través de la polarización social y la violencia urbana, se enfocan en sus enemigos históricos, sus adversarios geo políticos, sus rivales económicos, así como los sectores que consideran a Occidente la ruina del mundo y tienen por objetivo su destrucción.

O sea, Rusia, China, Estados Unidos y sus competidores comerciales, las grandes corporaciones multinacionales no reguladas (tecnológicas y financieras), los paraísos fiscales de la periferia europea, las redes globales del crimen organizado y narcotráfico y, además, los grupos fundamentalistas islámicos radicalizados que entienden la civilización occidental como un objetivo político religioso militar a ser conquistado y/o destruido.

Podemos decir que está rodeada…

La Unión Europea que conocimos los últimos 33 años, fue fruto de un consenso geopolítico inteligente y oportuno. Se creó oficialmente el 1 de noviembre de 1993, con la entrada en vigor del Tratado de Maastricht (firmado en 1992).

Durante siglos, el continente estuvo dominado por potencias que competían entre sí (el Imperio Británico, el Imperio Alemán, el Imperio Austrohúngaro, el Reino de Francia, el Imperio Ruso). No existían leyes comunes, ni pasaportes compartidos, ni libre comercio. Cada país operaba bajo la lógica de que el crecimiento propio dependía de la debilidad del vecino.

Probablemente nos quede de ello el recuerdo de las clases de historia en la escuela…

Antes de la integración, Europa fue el territorio donde se originaron los mayores conflictos globales. La rivalidad entre sus naciones llevó a la Guerra Franco-Prusiana, a la Primera Guerra Mundial y a la Segunda Guerra Mundial en un lapso de apenas 70 años.

Justo antes de que avanzara el proyecto europeo, el continente quedó partido literalmente en dos por el “telón de acero”, el Muro de Berlín (levantado en 1961) que dio comienzo a la era de una Europa Occidental (capitalista y alineada con EE. UU.) y una Europa Oriental (comunista y bajo el control de la URSS) que duró 28 largos años para la gente que quedó divida de manera impuesta y cruel.

Incluso la idea de una identidad europea común estaba rota por la ideología.

Recuerdo las imágenes (todos las vimos por televisión en aquél entonces) de cuando se comenzó a derribar el muro, la gente corría hacia el lado occidental en busca de libertad, oportunidades y reencuentro con familiares…esa debería ser una lección mayúscula…

No ha pasado tanto tiempo.

Europa como cultura, geografía e historia siempre estuvo ahí, pero la Europa como sinónimo de paz, fronteras abiertas, derechos humanos compartidos y cooperación económica es una construcción reciente que empezó a mediados del siglo XX y se consolidó con el Tratado de Maastricht. Antes de eso, Europa era, principalmente, un campo de batalla entre imperios y reinados.

Los acuerdos (antecedentes) previos a 1993son:

• El Tratado de París (18 de abril de 1951) que crea la Comunidad Europea del Carbón y del Acero (CECA), considerada su primer germen por los seis países fundadores (Alemania, Francia, Italia, Países Bajos, Bélgica y Luxemburgo).

• Los Tratados de Roma (25 de marzo de 1957) que dieron origen a la Comunidad Económica Europea (CEE) y a Euratom (rigieron a partir de 1958).

El objetivo principal declarado de la Unión Europea fue promover la paz, sus valores y el bienestar de sus ciudadanos, pero también -y de manera no tan explícita- controlar las amenazas que pudieran surgir de otros países con capacidad de daño o de imposición comercial.

De acuerdo con sus tratados fundacionales, sus metas fundamentales fueron[3]: 1-garantizar la libertad y la justicia sin fronteras interiores, controlando a la vez sus fronteras exteriores (paz y seguridad, defensa); 2-favorecer un desarrollo sostenible basado en un crecimiento económico equilibrado, la estabilidad de los precios y una economía social de mercado altamente competitiva (mercado único); 3-mantener y gestionar el euro como la moneda de la unión económica y monetaria (moneda fuerte); 4-combatir la exclusión social y la discriminación, promoviendo la igualdad entre mujeres y hombres, la protección de la infancia y la solidaridad entre los países miembros (bienestar social).

Lo que aparece por detrás de esos objetivos fue el control estricto de Alemania, al menos para Francia y tras tres guerras consecutivas contra Alemania (1870, 1914 y 1939). La Declaración Schuman de 1950 lo admitió con franqueza: al poner el carbón y el acero (las materias primas de las armas) bajo una autoridad común, se lograba que cualquier guerra entre Francia y Alemania fuera “no solo impensable, sino materialmente imposible”.

En segundo lugar, fue establecer un bloque contra el comunismo (guerra fría). La integración europea no fue una idea puramente europea; contó con el fuerte respaldo y financiamiento de Estados Unidos a través del Plan Marshall. A Washington y a los líderes europeos les urgía crear un bloque occidental próspero, capitalista y unido para frenar la expansión de la Unión Soviética y evitar que los partidos comunistas locales ganaran fuerza en países empobrecidos como Italia o Francia.

En tercer lugar, fue asegurar la supervivencia económica frente a las superpotencias debido al fin de los imperios. En la década de 1950, las potencias europeas (como Francia y el Reino Unido) estaban perdiendo sus colonias y dejando de ser el centro del mundo. Líderes como el economista Jean Monnet entendieron que las pequeñas economías europeas, fragmentadas por aranceles, no tendrían ninguna oportunidad de competir individualmente contra los gigantes económicos de la época: Estados Unidos y la URSS. El mercado común se creó por pura necesidad de supervivencia comercial.[4]

La búsqueda de la paz y el bienestar social fue real porque Europa estaba literalmente en ruinas y en bancarrota. Sin embargo, esa paz se implantó mediante un mecanismo de intereses económicos mutuos y control geopolítico cruzado, creando una interdependencia tan profunda que traicionar al vecino significara la ruina propia.

Hoy esa Unión Europea, con crisis locales y nacionales pero similares y por motivos afines en la mayoría de los casos, con una gran burocracia montada a partir de su consolidación que ha entorpecido aquello mismo que debía facilitar y con sus máximos organismos atascados como el Consejo Europeo (donde se reúnen los jefes de Estado y de Gobierno de los 27 países, algunos de ellos incorporados hace pocos años[5]), la Comisión Europea (el poder ejecutivo de la UE y la encargada de proponer e implementar las leyes comunes) y el Banco Central Europeo (BCE), atrapado entre la inflación y la deuda; atraviesa un punto de extrema fragilidad institucional.

El Consejo se ha vuelto incapaz de responder con agilidad a las crisis internacionales o de aprobar nuevos paquetes de sanciones financieras de forma unificada. Un grupo reducido de Estados por medio del veto -se requiere unanimidad en el voto- puede congelar la política exterior de todo un continente, por ejemplo, en el veto de Hungría al apoyo a Ucrania en 2025 y en el aplazamiento por parte de Eslovaquia de las sanciones contra Rusia.

Enfrenta una severa erosión de su autoridad por dos frentes. Por un lado, las luchas de poder internas (las propias autoridades como Von der Leyen y Kallas) y la falta de cohesión política debilitan su unidad exterior. Por el otro, informes clave de competitividad -como el de Mario Draghi- evidencian que el exceso regulatorio de la Comisión está ahogando la innovación local y provocando una fuga anual de ahorros europeos hacia Estados Unidos.

Para esquivar los vetos que paralizan sus normativas tradicionales, la Comisión se ve forzada a buscar artilugios legales de «vías de escape» comerciales para imponer prohibiciones (como con el gas ruso), lo que expone su debilidad jurídica.

El BCE, encargado de gestionar el euro y la estabilidad de precios, sufre un desgaste reputacional y operativo crítico, la combinación de un crecimiento económico casi nulo y precios que continúan siendo persistentemente altos genera un escenario muy adverso. Si el BCE sube las tasas para frenar los precios, encarece las hipotecas y destruye el acceso a la vivienda, avivando la furia social en las calles. Si las baja, licúa el poder adquisitivo de los salarios. El banco está perdiendo su capacidad de amortiguar el descontento, atrapado en una trampa donde cualquier decisión técnica profundiza la inestabilidad política.

Además, sigue dependiendo de la OTAN y de Estados Unidos en materia de defensa, a pesar de que varios de sus miembros son importantes potencias militares y exportadores de armas.

Y en un punto crítico como el actual, varios de esos mismos países deben decidir entre recortar presupuesto para defensa (con el riesgo que ello conlleva) o recortarlo para beneficios sociales aumentando el malestar tanto de locales como de inmigrantes y refugiados que salen a las calles.

“La UE no puede permitirse una diplomacia con dos centros de gravedad. Rusia explota cualquier fisura europea. China negocia con paciencia y lectura estratégica. Estados Unidos observa si Bruselas es socio o simple acompañante. Y Oriente Medio exige respuestas donde cada matiz divide a los Veintisiete.

El contraste resulta demoledor, mientras las grandes potencias concentran decisión, Europa distribuye autoridad hasta diluirla. Una cosa es el equilibrio institucional; otra, la parálisis disfrazada de consenso. La disputa entre Von der Leyen y Kallas no tumbará la Unión, pero sí puede erosionar su influencia justo cuando más necesita proyectarla”.[6]

En el fondo de la cuestión, esta crisis ha debilitado un principio que parecía inamovible, la primacía del derecho europeo.

Hoy, cuando las principales ciudades capitales sufren disturbios y polarización extrema, los gobiernos tienden a ignorar las directrices de Bruselas en materia fiscal, migratoria o judicial para apagar sus propios incendios domésticos.

El resultado es una Unión atomizada, donde las agencias comunitarias emiten recomendaciones que los Estados miembros, cada vez más insumisos y desconfiados, deciden postergar o ignorar.

El informe de Mario Draghi

Resulta sumamente interesante la lectura del informe de Mario Draghi[7] y sus recomendaciones que básicamente (hasta donde puedo comprenderlo) se resumen en un giro drástico en la gobernabilidad de la Unión Europea, cambiando el criterio de unanimidad por el de voto de las mayorías y asumiendo una deuda mancomunada.

La propuesta de Mario Draghi consiste en un plan de rescate e inversión masiva de hasta 800.000 millones de euros anuales financiado de forma conjunta por los 27 países de la Unión Europea mediante la emisión permanente de eurobonos en los mercados globales. El objetivo es inyectar este capital en industrias del futuro (inteligencia artificial, energías limpias, vivienda y defensa) para frenar la fuga de empresas, unificar sectores clave como la energía y las telecomunicaciones eliminando el derecho al veto en el Consejo Europeo para que el bloque pueda tomar decisiones ágiles y competir con fuerza frente a los gigantes de Estados Unidos y China.

El préstamo se le podría pedir a los mercados financieros globales, la Comisión Europea emitiría títulos de deuda (eurobonos) que cualquier gran inversor del mundo puede comprar. Los principales prestamistas pueden ser: grandes fondos de pensión y de inversión (como BlackRock o fondos de jubilación europeos y americanos), bancos centrales de otros países (que buscan «activos seguros» en euros para guardar sus reservas de valor) y compañías de seguros y fondos soberanos (como los de los países árabes o asiáticos).

La emisión de deuda pública común que propone Mario Draghi consiste en que los 27 países de la Unión Europea pidan dinero prestado a los mercados internacionales juntos, como si fueran un solo Estado, utilizando la garantía y el respaldo de todo el bloque en su conjunto.

Para las diferentes sociedades europeas y el ciudadano de a pie, este mecanismo económico abstracto se podría traducir en consecuencias muy concretas en su vida diaria: 1- financiamiento de vivienda y servicios públicos, ya que, al emitir deuda conjunta, la UE conseguiría tasas de interés muy bajas. Ese dinero se usaría para financiar planes masivos de vivienda accesible, infraestructura sanitaria y renovación educativa; 2-creación de empleo tecnológico e industrial, los fondos se inyectarían en empresas europeas de energías limpias, semiconductores e inteligencia artificial. Esto podría evitar la fuga de empresas a Estados Unidos y generaría millones de puestos de trabajo estables y bien remunerados dentro del continente; 3- seguridad y autonomía energética que permitiría interconectar las redes eléctricas de todos los países. A largo plazo, esto significaría facturas de luz y gas más baratas y estables para los hogares, reduciendo la inflación que carcome los salarios.

¿Cuál es el riesgo latente o la preocupación que expresa la ciudadanía ante esta posible solución financiera y política para la Unión Europea?

La deuda no es dinero gratis, hay que devolverla. Para pagarla, la Unión Europea necesitaría crear nuevos impuestos comunitarios (por ejemplo, a las grandes multinacionales tecnológicas, a las transacciones financieras o a las emisiones de carbono) y los ciudadanos temen que, indirectamente, estos impuestos terminen encareciendo los productos de consumo diario.

Y una cuestión irresuelta para Europa, las sociedades de países históricamente ahorradores y ordenados (como Alemania o Países Bajos) se resisten fuertemente. El ciudadano alemán común siente que, al firmar una deuda conjunta, su país se está haciendo responsable de pagar las deudas o los desajustes financieros de países con economías más inestables, como Italia o Grecia.

En resumen, para la gente, la propuesta de Draghi puede significar un “salvavidas” financiero inmediato para frenar el deterioro social y recuperar la calidad de vida, pero a cambio de aceptar que Europa funcione, de manera irreversible, como un único país con deudas e impuestos compartidos.

¿Del otro lado de la cuestión, quienes se podrían perjudicar/ beneficiar con la reforma de Draghi?

Entiendo que la aplicación de una medida de la escala que propone Mario Draghi cambiaría por completo el tablero de la geopolítica mundial.

Un fondo permanente financiado con eurobonos significaría el nacimiento de una “Europa Fortaleza” dotada de un músculo financiero capaz de golpear a sus rivales y proteger a sus aliados.[8]

El impacto de este plan -que busca salvar al continente de lo que Draghi llamó una “lenta agonía” frente a las superpotencias- repercutiría de forma muy distinta en cada uno de los actores globales:

  1. Rusia: El peor escenario estratégico para Moscú, es una Unión Europea unificada financieramente. Le pondría freno a la guerra híbrida y si la UE centraliza su presupuesto, el dinero se destinaría de manera masiva e inmediata a la industria de defensa común y la compra conjunta de armamento. Por otro lado, provocaría una independencia energética total. La inversión masiva aceleraría la interconexión de redes eléctricas y tecnologías limpias. Al dejar de depender por completo de los combustibles fósiles, el Kremlin perdería su principal herramienta de chantaje económico e influencia política.
  2. China: Contención económica y guerra comercial, Pekín observa con preocupación el plan de Draghi porque ataca directamente su estrategia de penetración comercial en Occidente. China ha inundado el mercado europeo con tecnología verde (paneles solares, autos eléctricos) fuertemente subsidiada por su Estado, quebrando a las fábricas europeas. Draghi propone usar los eurobonos para subsidiar y blindar la industria tecnológica local. Si Bruselas tiene fondos de sobra para inyectar en los países del bloque con economías rezagadas, China perdería la capacidad de “comprar” la lealtad y la infraestructura crítica (puertos, telecomunicaciones) de los países europeos periféricos mediante la Ruta de la Seda.
  • Estados Unidos: Entre la celebración militar y el recelo comercial, Washington viviría el impacto de los eurobonos de una forma profundamente ambivalente. Por un lado, el alivio militar, ya que Estados Unidos lleva décadas quejándose de que Europa gasta poco en defensa y depende demasiado del Pentágono. Una UE con chequera propia para armarse aliviaría la carga financiera y militar de Estados Unidos, permitiéndole concentrar sus tropas y recursos en el Indopacífico para contener a China. Pero a su vez, los eurobonos competirían cara a cara con los bonos del Tesoro estadounidense como el activo financiero más seguro del mundo. Si Europa unifica sus mercados de capitales y tecnología, dejaría de ser un mercado dócil dominado por Silicon Valley. Sería el despertar de un competidor comercial formidable.
  • Los Países Árabes: Una transformación de socios energéticos a financieros para las monarquías petroleras del Golfo (como Arabia Saudita, Qatar o los Emiratos Árabes Unidos), siguiendo la propuesta de Draghi, podría redefinir su relación histórica con el continente. Estos países serían los clientes perfectos para la deuda: acumulan fortunas colosales a través de sus fondos soberanos y necesitan reinvertirlas en activos seguros a largo plazo. Los eurobonos se convertirían en un destino muy atractivo para los petrodólares, dándole a los países árabes un enorme peso e influencia como acreedores principales de la economía de la UE. A su vez, les permitiría la reconversión industrial, al acelerarse la descarbonización europea, los países árabes verían caer su negocio tradicional de exportación de crudo hacia Occidente. Esto los obligaría a acelerar su propia transición para convertirse en exportadores de hidrógeno verde o socios de infraestructura limpia de la nueva Europa.

Dice Josep Borrel: “El diagnóstico es claro: Europa se enfrenta a un importante déficit tecnológico en un contexto geopolítico muy complejo. La solución reside en un aumento masivo y sostenido de la inversión. Era fundamental explicar esta situación a los ciudadanos europeos y a sus líderes, al tiempo que se les presentaban soluciones para superarla.

El informe Draghi destaca tres grandes desafíos para Europa: la necesidad de acelerar la innovación y encontrar nuevos motores de crecimiento; la necesidad de reducir los precios de la energía al tiempo que se continúa descarbonizando nuestra economía; y la necesidad de responder a un mundo más inestable en el que Europa ya no puede depender de otros para garantizar su seguridad.

Los dos últimos desafíos se han visto particularmente acentuados por la invasión rusa a Ucrania. Pero sabemos desde hace tiempo que tenemos un déficit de innovación. Ya en el año 2000, la Estrategia de Lisboa se propuso convertir a la Unión Europea en «la economía basada en el conocimiento más competitiva y dinámica del mundo» para 2010. A pesar de esta ambiciosa declaración, un cuarto de siglo después, la brecha entre nosotros y Estados Unidos ha seguido ampliándose, y ahora también con respecto a China.

En 2010, el informe Monti sobre el mercado único también hizo hincapié en la necesidad de simplificar la normativa europea para crear un marco más sencillo y menos restrictivo para las empresas. Sin embargo, quince años después, el informe Draghi demuestra que la situación no ha mejorado.

Mario Draghi no se anduvo con rodeos al presentar su informe: «En general, hemos hecho todo lo posible por limitar la innovación». Necesitamos actuar con urgencia”[9].

La propuesta de Draghi no es una simple reforma financiera, es un arma geopolítica.

Si la Unión Europea logra superar sus disputas políticas internas y aprueba la emisión de deuda común, dejaría de ser un territorio reactivo y vulnerable para transformarse en un jugador geopolítico de primer orden.

Esta es -por lo menos- una cara de la moneda al pensar Europa y la Unión Europea.

¿Querrán las diferentes naciones europeas ser indefinidamente parte de un destino común?

¿Cómo pueden superar sus dificultades de otro modo y frente a un escenario donde los enemigos y adversarios están listos para aprovechar cada debilidad europea?

¿Será éste el fin de la Unión Europea?

Me extendí en este tema porque me parece necesario comprender el telón de fondo a todo el malestar de la población europea.

Malestar que tiene razones que se han consolidado frente a los ojos de sus dirigentes sin capacidad de reacción y de la propia sociedad que debería asumir con más responsabilidad y honestidad que si se han empobrecido o estancado, tienen que afrontarlo construyendo, trabajando, proponiendo, dialogando.

Rompiendo y gritando no avizoro soluciones más que sacudirles la modorra a los dirigentes.

A mí, siendo argentina, de clase media, sufriente de un país en crónicas crisis innecesarias, me resulta casi distópico pensar que Europa está a la altura de nuestras carencias.

Nos queda mucho por pensar, las guerras híbridas, los proxys y la injerencia digital en estos disturbios y protestas, la radicalización recíproca, la empatía suicida, el wokismo, el antioccidentalismo dentro de los propios hogares europeos…todo ello está presente en este proceso que hoy perturba, preocupa y moviliza.

Ojalá que sea para bien de la humanidad.

Cuando pienso que en Nigeria matan gente todos los días por ser cristianos (miles y miles) y apenas si es noticia.

Cuando pienso en la sentencia a muerte de otra joven –Najmeh Amini, una estudiante de contabilidad que se encuentra detenida en la prisión de Vakilabad, situada en la ciudad de Mashhad, en el noreste de Irán- (de tantos miles y miles) por “blasfemar” por las redes expresando su oposición al régimen…

Hay tanta lágrima y sangre derramada injustamente…tanta miseria injustificable…

Siento profundamente que el mundo entero necesita una reforma, un giro, una vuelta de rosca a su tanta estupidez…a su falta de concordia y de tolerancia, a su afán de poder y de dominio.

Quizá Europa sea solo un fragmento, y un comienzo, de este cambio civilizatorio indispensable.


[1] https://es.euronews.com/2026/10/25/protestas-europa-francia-albania-italia-espana-portugal

[2] Le Bon, G. (1895). Psychologie des foules [Psicología de las masas]. Félix Alcan, Ediciones Morata, 2020.

[3] https://european-union.europa.eu/principles-countries-history/history-eu/1990-99_es

[4] https://www.europeana.eu/es/exhibitions/the-jean-monnet-house/jean-monnet-a-founding-father-of-europe

[5] Desde 2004, la UE se ha expandido hacia el este, incorporando a Estonia, Letonia, Lituania, Polonia, Eslovaquia, Eslovenia, la República Checa, Hungría, Rumanía, Bulgaria y Croacia en el año 2013.

[6] https://www.globalpolicyjournal.com/blog/11/02/2026/europes-strategic-weakness-institutional-limits-and-east-west-fault-line

[7] https://federalists.eu/published-by-afco-the-draft-report-on-the-institutional-aspects-of-the-report-on-the-future-of-european-competitiveness-draghi-report/

[8] https://www.eeas.europa.eu/eeas/op-ed-high-representativevice-president-josep-borrell-draghi-report-and-europes-geopolitical-future_en

[9] https://www.eeas.europa.eu/eeas/op-ed-high-representativevice-president-josep-borrell-draghi-report-and-europes-geopolitical-future_en

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