¿Ingeniería y ética? Lo que la universidad olvida enseñar

Isabel Bohorquez

Juan José Lopensino

Gracias al Memo de Mendoza por confiar siempre https://www.memo.com.ar/opinion/analisis-bohorques-ingenieria-etica/

Juan José Lopensino es Ingeniero Mecánico egresado de la UTN, hizo una maestría en Electrónica y en Inteligencia Artificial en la década de los ’90 y se doctoró en Ingeniería (ambas formaciones fuera del país), donde se dedicó no solamente a estudiar y a pensar si no que se vinculó con gente de Diseño Industrial, también ha trabajado con profesionales de áreas como la Biología, la Medicina, la Electricidad, la Mecánica…se define como un ingeniero a secas.

Juan suele leer mis artículos y ello da inicio a conversaciones entusiastas a veces, escépticas otras, sobre lo que debería debatirse en serio con relación al sistema universitario y que parece postergado, gobierne quien gobierne.

Esta vez es el autor del texto que les presento aquí, que -a su vez y gracias a su generosidad- está intervenido con los diálogos que nos ha suscitado su planteo.

La ética necesaria en este siglo de crisis

Nuestra civilización está transitando una crisis creada por acciones que no hemos sabido evaluar correctamente en sus consecuencias negativas.

La técnica se ha centrado casi exclusivamente en obtener rentabilidad de las actividades que promueve, sin tener en cuenta consecuencias sociales, ambientales y energéticas.

La degradación del agua dulce disponible, la contaminación de suelos, de aire, la invisibilización de la necesidad de preservar especies animales y vegetales y una infinita lista de actividades humanas y realidades sociales, nos han llevado a un estado de degradación civilizatoria nunca antes vivida, ya que todo el planeta sufre las consecuencias.

Tenemos apenas 20 km de atmósfera que resguardan la Tierra y ya han sido dañados en su condición de protectora como hoy la conocemos, con temperaturas y concentraciones de gases que han permitido la vida, luego de más de 2000 millones de años de evolución.

La era del “petrolismo” y la energía barata ha llegado al principio del fin del uso irresponsable. Hemos logrado depredar este regalo energético de millones de años en un siglo. 

A esto, le sumamos que la mayoría de la población vive en sociedades urbanas, donde concentra necesidades de energía, alimentos, así como contamina suelos, aguas superficiales y subterráneas, atmósfera y crea en nuestros países en desarrollo principalmente, pobreza urbana ya estructurada y asumida como insalvable o natural.

Lo urbano exige y en Argentina la población urbana alcanza el 92% de sus habitantes. El porcentaje global mundial es del 58%.

La pregunta que surge con este panorama…

¿Es posible que la universidad y los profesionales que actualmente egresan, puedan resolver los cambios necesarios para salir de esta gran crisis, o al menos, avizorar su sostenibilidad en el próximo medio siglo?

Universidades, profesionales y conocimiento con perspectiva ética

Las universidades son las instituciones del Estado donde la sociedad deposita su esperanza de formación de profesionales y del desarrollo del conocimiento que nos encamine a una mejor calidad de vida sobre la tierra.

Sabemos que no solo debemos actuar sobre los seres humanos sino sobre toda la vida existente, que debe ser también el objetivo del desarrollo técnico.

La educación técnica universitaria ha acompañado este desarrollo civilizatorio sin evaluar consecuencias en su verdadera magnitud, siendo que hoy nos encontramos en la enseñanza con paradigmas dañinos, casi dogmas, muy arraigados, difíciles de salir sin discusión interna.

La educación técnica tiene un protagonismo especial, entendiendo profesiones como las ingenierías, diseño industrial, arquitectura, etc., que proyectan cosas físicas que hacen posible la vida de las personas como hoy la concebimos.

El diseño es el factor común, partiendo de un diagnóstico, una propuesta y la construcción física de la solución.

La perspectiva ética define, atraviesa y direcciona cada una de las etapas.

Se diagnostica en base a esa mirada de la realidad, se proponen soluciones y se construyen materialmente desde esa mirada también.

Si la perspectiva es sólo económica y mira exclusivamente la rentabilidad, no “verá” otros factores, entonces lo social quedará desplazado de cualquier diagnóstico.

En lo ambiental hay restricciones legales, en lo energético aún hay abundancia de recursos, pero en lo social se carece de un interés técnico y político que solucionen integralmente los problemas.

Con estos cuatro elementos de análisis, lo ambiental, lo social, lo económico y lo energético, debería implementarse el “nuevo” accionar de formación profesional y del accionar de la ciencia para poder atender el nuevo proyecto civilizatorio.  

Actualmente, la rentabilidad económica se manifiesta en todos ámbitos de la enseñanza técnica como el principal elemento de validación de todo proyecto a ser desarrollado por nuestros profesionales. El paradigma económico es hoy prioridad principal.

No están planteadas en la enseñanza, tampoco, las consecuencias sociales que las acciones de las carreras técnicas provocan en los sistemas laborales. Siendo que la producción industrial es la gran generadora de uso de mano de obra, las ingenierías adhieren a la automatización plena de procesos industriales, sin ningún miramiento respecto a la población damnificada.

Un accionar ciego de las ingenierías, tal es el caso -por ejemplo- del desarrollo de la Inteligencia Artificial, puede conducirnos a quitar del medio a personas en procesos que las reemplacen sin considerar las consecuencias de ello.

La robótica hasta aquí se ha desarrollado para reemplazar a personas en tareas insalubres y/o repetitivas, sin abordar aún los procesos creativos. La capacidad inteligente no había sido abordada aún por la ingeniería ya que la creatividad hasta ahora era exclusiva del ser humano. Esta frontera ha sido atravesada por la IA y paulatinamente está dejando afuera del proceso creativo a las personas.

Si el comercio presencial ha sido reconfigurado con la pandemia hacia el virtual, ¿cómo seguimos desarrollando desde las Ingenierías una producción sin consumidores? ¿Hasta cuándo vamos a dejar población fuera del proyecto civilizatorio?

¿Estamos fabricando nuestra propia exclusión?

¿Estamos pensando alternativas de inclusión laboral o de equilibrio social?

¿Qué estamos enseñando en las universidades al respecto?

¿Qué responsabilidad estamos teniendo los intelectuales, los académicos, los investigadores sobre esta degradación social?

Si las universidades son las “cabezas donde la sociedad piensa su desarrollo presente y futuro”, ¡estamos fallando!

Lo mismo sucede, con las consecuencias energéticas, así como el bajo rendimiento energético de las máquinas, que no está puesto como restricción ni como asunto de enseñanza y de debate.

Pensemos cuánto transporte, maquinaria agrícola, minera, se mueve con motores de combustión interna, con rendimientos a lo largo de la vida útil de las máquinas, que sobre la base de un 100% de energía disponible en el combustible se obtiene sólo un 15% de energía mecánica. En contraposición, el motor eléctrico tiene rendimientos cercanos al 90%.

Actualmente, se enseña en las universidades la energía nuclear como alternativa a la energía fósil, siendo que los residuos de las centrales nucleares emitirán radiación muy nociva para la vida existente durante mil años.

Por ejemplo, la central nuclear de Embalse de Río Tercero está construida sobre una falla geológica activa[1]. ¿Qué pasaría si un sismo afectara la estructura y la capacidad de contener agua y la central se pudiera quedar sin agua suficiente para su refrigeración?

Mapa con los principales sismos de Argentina[2]

¿Quién va a cuidar de estos residuos en los próximos cien años? ¿Y de acá a quinientos años?

Si pensamos en las responsabilidades que descargamos en los futuros profesionales respecto a actuar sobre la crisis en la que ya caminamos, podemos decir que, si seguimos formando profesionales técnicos mirando al costado de las consecuencias, ¿los exponemos a ser juzgados por la “mala praxis” socio – ambiental y energética en la que los formamos?

Si pensamos también que los actuales ingresantes de 18 años, trabajarán hasta el año 2078, es difícil compatibilizar su preparación laboral para los próximos 50 años, con contenidos de la década de los ‘80 del siglo pasado, base de los actuales planes de estudio.

Es común escuchar que luego de dedicar enormes esfuerzos para recibir el título universitario (o la licencia estatal para ejercer una profesión), deben “pagar derecho de piso”, o sea, adquirir experiencia para poder posicionarse laboralmente.

Si las carreras técnicas hoy tienen un promedio de 8 años de permanencia en la universidad, entregamos a la sociedad, jóvenes que no logran insertarse rápidamente para brindar soluciones reales. No es hasta más de 30 años de edad que los jóvenes logran insertarse funcionalmente al mercado laboral.

¿Es honesto que las universidades sigan sosteniendo esa situación?

La universidad no ha logrado comprender la necesidad de cambios de paradigmas hoy vigentes

En el año 2018 el Consejo Federal de Decanos de Ingeniería (CONFEDI) emitió un documento, el Libro Rojo del CONFEDI[3], en donde por primera vez se pretende evaluar la enseñanza universitaria por sus resultados, a través de las competencias que los profesionales formados adquirieron en su paso por la universidad.

Todavía no hay carreras evaluadas desde esta perspectiva.

Si miramos las competencias sociales, políticas y actitudinales exigidas por CONFEDI, vemos que por primera vez se presenta, con timidez, la necesidad de una ética distinta de la economicista en la formación…  

“Actuar con ética, responsabilidad profesional y compromiso social, considerando el impacto económico, social y ambiental de su actividad en el contexto local y global” afirma el libro rojo del CONFEDI.

La capacidad de actuar bajo esta ética es una carga muy pesada.

Este cambio de perspectiva ética obliga a los futuros profesionales a tener cabal conciencia y capacidad de actuar en concordancia con necesidades actuales y futuras, muy distintas a las contempladas de manera sistémica en los actuales paradigmas de la ingeniería del siglo pasado, que aún conserva una estructura estanca de cátedras aisladas, sin cohesión conceptual.

Las cátedras -islas individualistas- que no logran dialogar en la cohesión de la carrera, no nos llevan a formar gente que trabaje en equipos, mucho menos equipos multidisciplinarios, también exigido en el libro rojo.

En este libro rojo se expone por primera vez una ruptura del paradigma economicista de la ingeniería, nunca antes discutido. Con una tímida competencia que las universidades no logran encauzar en su verdadera magnitud.

No pueden incorporar este cambio tan profundo sin una discusión seria, interna, estudiada.

¿Nuevos Paradigmas? ¿Cómo comprenderlos y asumirlos?

En este texto identificamos paradigma como un conjunto de conceptos que orientan el pensamiento a ver ciertas realidades de una determinada manera.

El concepto creado por Tomas Kuhn[4] orienta a pensar que el pensamiento no evoluciona simplemente en el tiempo en pequeños pasos, sino que un cambio de paradigma cambia radicalmente la lente por la que diagnosticamos un cierto problema.

Cuando un paradigma está “vivo”, no se discute su validez, sino que los intelectuales, las personas en general toman sus conceptos como indiscutibles, totalmente válidos. Cuando ciertos paradigmas atraviesan varias generaciones pueden pasar a ser dogmas, casi actos de fe. Difícil de volver atrás y ver sus inicios.

Los cambios de paradigmas se generan permanentemente en todos los campos del conocimiento.

Cuando ese cambio le toca a una misma generación, visualizarlo dentro del ámbito académico, suele implicar una incomodidad intelectual para quienes -habiendo representado el anterior paradigma- deben reconocer la contundencia de dicho cambio.

Es así, que se disimula o no se exponen claramente las diferencias cuando se implementan cambios del antiguo al nuevo.

En un estado de crisis actual, donde esta civilización se cae a pedazos, es preferible hablar de mudar a Marte que asumir los cambios necesarios para restaurar el equilibrio que permita continuar con la vida en la Tierra.

Ninguno de estos paradigmas es asumido sistemáticamente por la enseñanza universitaria en ingenierías.

Solo para identificar algunos aspectos que pueden ser vistos como paradigmáticos, es posible analizar algunos ejemplos en nuestra vida cotidiana y las consecuencias que provocan:

Si miramos el uso familiar de agua en nuestro país, podemos decir que poco más de la mitad de la población tiene servicios de tratamientos cloacales. A pesar de esa carencia, se consumen cerca de 300 litros de agua diaria por persona. Los restos de excretas son más peligrosos que los producidos por limpieza, sin embargo, se mezclan y empeoran el estado de las aguas residuales.

Cada vez que orinamos 100 cc, se erogan hasta 20 litros de agua potable. Cada excreta de no más de 300 gramos, eroga también 20 litros de agua potable.

Cabe aclarar que, en ámbitos urbanos, el agua potable, implica un esfuerzo enorme de potabilización. La mayoría de las grandes ciudades argentinas potabilizan fuentes de agua eutrofizadas, o lo que es lo mismo, altamente contaminada.

La potabilización se refiere al estado sanitario del agua para ser consumida de manera directa por los seres humanos o para limpieza de alimentos y dispositivos. Claramente no son necesarias estas cualidades para desechar excretas, lavar ropa o pisos, menos para lavar un automóvil.

Si pensamos en transporte de personas y mercancías, así como de producción agrícola, estas actividades se desarrollan sólo con uso de petróleo, lo que implica un esfuerzo incalculable en la migración energética necesaria en los próximos 50 años.

En las principales ciudades argentinas, la movilidad de las personas ha mutado en los últimos 40 años debido al uso masivo de autos particulares, siendo que los costos, la energía, el espacio de calles utilizado por persona en automóvil es 20 veces mayor, frente a la persona que usa transporte público.

En este sentido, el automóvil -sin importar la energía que lo mueva- hace inviable una ciudad, ya que las superficies de las calles son las mismas de hace 50 años y la población crece.

La ciudad de Córdoba, por ejemplo, consume entre 2 y 3 millones de litros diarios de combustible para moverse. En la ciudad de Córdoba la flota vehicular hoy es de más de 1,1 millones, la flota de ómnibus, cercana a los 800 vehículos. La flota vehicular del año 1983 era cercana a 100.000 y la flota de ómnibus en ese año, de casi 1300 vehículos.

Otro aspecto insostenible de esta forma de vida es la cantidad de recursos que se desechan. Las basuras son desechos que terminan en un vertedero en el mejor de los casos con algún control.

En Argentina tiramos casi 1,5 kg de basura por día por habitante. Los restos orgánicos y no orgánicos van a basurales que inutilizan el suelo por siglos, así como emiten gases efecto invernadero (responsables del 5 % de estos gases) y líquidos que contaminan capas de agua subterránea por doquier.

El 15% de la basura es plástico.

En la ciudad de Córdoba esto implica 1 millón de dólares al día que se desecha, son 330 toneladas diarias.

¿Podrá la universidad cambiar ella misma para aportar un cambio necesario para la sociedad?

«Una de las tensiones más complejas y menos discutidas del sistema universitario argentino es su modelo pedagógico endogámico«[5].

Esta situación -de ser la mayoría absoluta de docentes (de ingeniería) formados en la misma universidad- ha logrado disminuir la capacidad de enseñanza y reflexión generación tras generación.

La actual Ley de Educación Superior, N° 24521 (1995), establece: “Los docentes de todas las categorías deberán poseer título universitario de igual o superior nivel a aquel en el cual ejercen la docencia, requisito que sólo se podrá obviar con carácter estrictamente excepcional cuando se acrediten méritos sobresalientes” (artículo 36) así como: “Las instituciones universitarias garantizarán el perfeccionamiento de sus docentes, que deberá articularse con los requerimientos de la carrera académica. Dicho perfeccionamiento no se limitará a la capacitación en el área científica o profesional específica y en los aspectos pedagógicos, sino que incluirá también el desarrollo de una adecuada formación interdisciplinaria” (artículo 37)[6].

Treinta años después, esta posibilidad de romper la endogamia por la vía de la formación docente fuera de la propia universidad donde se ejerce la formación de profesionales, no ha sido promovida.

Ni en los concursos docentes, ser doctor tiene real peso. Por ejemplo, en la Universidad Tecnológica Nacional, sobre 100 puntos totales posibles en un concurso de profesores[7], con respecto a los títulos se corresponden 10 puntos máximos -siendo que el título de grado implica 8 puntos- por lo que todos los posgrados posibles no pueden ser más del 2% de la puntuación total de un candidato.

Los que se fueron a formar fuera del país, son discriminados fuertemente. 

Salir de la endogamia brinda posiciones muy distintas a las históricas de la institución educativa. Sólo por haber convivido en otra institución, se aprende y se cuestiona.

La formación profesional de grado, habilita al ejercicio del oficio, pero no está configurada para la enseñanza y, sobre todo, lo que hoy es indispensable, evaluar la técnica necesaria para los próximos 50 años de la profesión y la ciencia.

La politización de las universidades aleja aún más la discusión sobre el cambio de paradigma y las necesidades de formación interna, de los propios docentes, así como de los futuros graduados.

La pregunta final, entonces, es ¿Cómo lograr un cambio del actual accionar economicista de los profesionales técnicos, a un pensamiento multifactorial basado en economía, sociedad, ambiente y energía, con esta estructura aferrada a un ya “paradogma” arraigado desde el nacimiento de la educación técnica a finales del siglo XIX?

¿Hasta cuándo las universidades eludirán esta discusión ética?


[1] https://www.infobae.com/2010/03/02/503364-preocupacion-cordoba-una-falla-geologica-que-pasaria-la-central-nuclear-embalse/

[2] http://contenidos.inpres.gob.ar/sismologia/linkppal

[3] https://confedi.org.ar/librorojo/

[4] https://www.fodonto.uncuyo.edu.ar/upload/kuhn-laestructuradelasrevolucionescientificas.pdf

[5] https://www.memo.com.ar/opinion/analisis-bohorques-antipedagogia/

[6] https://servicios.infoleg.gob.ar/infolegInternet/anexos/25000-29999/25394/texact.htm

[7] https://www.frgp.utn.edu.ar/public/files/Ordenanza_1273_Reglam_Concursos_Profesores.pdf

Deja un comentario

Web construida con WordPress.com.

Subir ↑