El cielo universitario

¿Oportunidad, vocación o destino?

Gracias al Memo de Mendoza por confiar siempre https://www.memo.com.ar/opinion/bohorquez-analisis-cielo-universitario/

Isabel Bohorquez

Mucho se habla de la educación pública universitaria de gestión estatal, irrestricta y gratuita (no arancelada en realidad, porque no es gratis), sin plazos ni límites en el cursado y regularidad de la condición de estudiante por lo que se pueden demorar años en terminar una carrera, todo ello, como signo indiscutible de la accesibilidad: la universidad es de todos y para todos, tan extenso es ese concepto que el todos incluso puede abarcar a las personas extranjeras que decidan estudiar en nuestros claustros académicos.

Generosa manera de concebir la educación superior que en el resto del mundo es arancelada, no es irrestricta y tienen condiciones muchas más regladas para el cursado regular de las carreras.

Descripta así, la universidad argentina de gestión estatal parece el paraíso en la tierra, ese cielo al que todos están invitados sin distinción ni preferencia alguna.

Sin embargo, tamaña generosidad es falsa.

Empleo el término falsedad para dimensionar la gravedad del discurso político que insiste en sostener un relato que luego se cae a pedazos cuando lo confrontamos con la realidad.

Escalar el Aconcagua: la difícil y estrecha escalera al cielo universitario

Empecemos por la oportunidad de acceder que a simple vista requiere haber culminado la escuela secundaria (incluso ni siquiera hace falta ser argentino). Y ya nos encontramos con un dato preocupante: la tasa neta de ingreso a la universidad en la franja etaria 18-25 años, alcanza un 14,5% según la Secretaría de Políticas Universitarias (SPU)[1]. O sea, una porción muy reducida de jóvenes en Argentina ingresa a la universidad.

Este es un dato que hemos reiterado en todos los textos sobre sistema universitario y seguimos repasando porque esta circunstancia es demasiado importante (el hecho de que tan pocos jóvenes argentinos dentro de esa franja de edad ingresen a la universidad) y no tiene repercusión, no es noticia, no se discute ni se indaga lo suficiente en la razón por la que solo esta minoría logra acceder ni se la vincula con el resto del sistema educativo.

¿Por qué?

¿Por qué no ingresan más jóvenes a la universidad?

Si la universidad es gratuita, irrestricta y lo único que se requiere es un título de nivel secundario…

Aquí empieza el primer obstáculo: solo 13 de cada 100 estudiantes terminan la secundaria a tiempo y alcanzando los niveles satisfactorios -o avanzados- en Lengua y Matemática.

Veamos por pasos simples la estadística:

  • si se toma como base a 100 estudiantes que ingresaron a primer grado de la escuela primaria, su egreso en tiempo teórico esperado es del 61% del total inicial (o sea, aproximadamente 6 niños de cada 10). De aquellos primeros 100 niños, 61 logran llegar al último año de la secundaria a tiempo, en los 12 años escolares correspondientes, sin haber repetido ningún año ni haber abandonado temporalmente.
  • Y, por último, al cruzar a esos 61 alumnos con los resultados de las pruebas de aprendizaje nacionales (Aprender), se detecta que solo 13 de cada 100 estudiantes terminan la secundaria a tiempo y alcanzando los niveles satisfactorios o avanzados en Lengua y Matemática.

Obsérvese en el cuadro de arriba que el porcentaje global de Argentina (el único en verde) es del 13%, en lugares “privilegiados” como CABA asciende al 29% y si miramos por provincia, hay regiones cuyos porcentajes son trágicos. Chaco, Santiago del Estero o Formosa, por ejemplo, rondan como porcentaje global (estudiantes ricos y pobres, en tiempo y forma y con niveles aceptables en Lengua y Matemática) el 5%.

Estas cifras son demoledoras, máxime si asumimos que en Argentina desde el año 2006 y por la Ley de Educación N° 26206 que aún nos rige, se han implementado una serie de medidas de “tolerancia” pedagógica para evitar el fracaso escolar, la repetición y la temida deserción, al punto que se han vuelto laxos muchos de los requisitos de exigencia tanto académica como disciplinaria.

Sobre el fundamento de la inclusión y la razón prioritaria del derecho humano, se ha consagrado la tolerancia pedagógica para ampliar la cantidad (no la calidad, como lo reflejan las pruebas Aprender) de egresados de nivel secundario que actualmente es obligatorio por esa misma ley.

Todo ello se constituye en un embudo que se agrava aún más, si consideramos los diferentes sectores socio económicos. Lo diremos sin eufemismos, los más pobres son los que menos chances tienen de terminar el nivel secundario: de ese porcentaje global nacional ya reducido, solamente el 32% de los estudiantes de nivel más vulnerable logran terminar la escuela secundaria.

El cuadro de arriba[2] muestra que en nuestro país la tasa de egreso de nivel primario (barra rosa) es muy alta sin importar el sector de procedencia (ricos y pobres terminan la escuela primaria). Pero la cuestión se complica en el nivel secundario (barra celeste): la tasa de egreso alcanza apenas un 32% en el primer decil (más vulnerable) y una extremadamente baja tasa de egreso de nivel universitario (barra amarilla) del 2% -incluso un poco menos si cotejamos las fuentes de información-en ese mismo primer decil.

En cambio, para el decil más aventajado socioeconómicamente (los que más posibilidades tienen) los porcentajes son: tasa de egreso de secundaria 87% y tasa de egreso de universidad 51%.

El informe lo dice en estos términos: “En Argentina el 58% de los mayores de 25 años terminaron la secundaria, según los datos de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH). Pero hay desigualdades significativas al interior de esa cifra: en el decil de ingresos más bajo, solo 3 de cada 10 (32%) alcanzaron el título, mientras que el número se triplica en el decil más alto, donde 9 de cada 10 (87%) tienen secundaria completa. En otras palabras, entre los sectores de mayores ingresos y los sectores más pobres hay una brecha de 55 puntos porcentuales en la terminalidad escolar. Los datos surgen del informe “Evidencia sobre desigualdad educativa en la Argentina”, del Observatorio de Argentinos por la Educación, con autoría de Ivana Templado (FIEL), Gabriela Catri, Martín Nistal y Víctor Volman (Observatorio de Argentinos por la Educación). A partir de la EPH, el informe busca analizar las desigualdades educativas en relación con el nivel de ingresos de la población. Los datos corresponden al ámbito urbano”.

Estas cifras enojan, duelen y me sigo preguntando que estamos esperando como sociedad para dejar de lado toda cuestión accesoria y discutir en serio cómo solucionamos esta desgraciada injusticia absolutamente evitable.

Así se ve la pirámide educativa en Argentina y considerando el decil más bajo:

Hasta aquí, es evidente que la escalera al cielo universitario para el sector más vulnerable se ha estrechado significativamente.

Si observamos la situación de nuestros jóvenes argentinos -entre 18 y 25 años- según el decil al que pertenecen desde el punto socioeconómico (decil 1 el más bajo a decil 10 el más alto) y en base a las circunstancias: no trabaja y no estudia, trabaja solamente y por último estudia en los diferentes niveles: secundario y superior no universitario y finalmente universitario, se puede observar que los pobres llevan las mayores desventajas. Los cruces de ambos datos dan los siguientes resultados:

“Los datos surgen del informe “Desigualdad educativa en el nivel superior”, del Observatorio de Argentinos por la Educación, con autoría de Ivana Templado (FIEL), Gabriela Catri, Martín Nistal y Víctor Volman (Observatorio de Argentinos por la Educación). El documento analiza las desigualdades educativas en el ámbito de la educación superior. A partir de los datos de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH), indaga en las asimetrías en el acceso y permanencia en el nivel superior, así como en otros trayectos postsecundaria”. [3]

Es alarmante la altísima cifra de jóvenes que no trabajan y no estudian en el decil más bajo: 48,8% (¿qué hacen?), un 23,3% trabaja y no estudia, el resto se distribuye en los diferentes niveles educativos donde se observa que solamente el 12,4% de esos jóvenes más pobres ingresan a la universidad.

Por el contrario, en el decil más alto (los más ricos), solamente el 8,8 % ni trabaja ni estudia, un 36,1% trabaja y no estudia y el 46% ingresa a la universidad….

Resistiré para seguir viviendo. Soportaré los golpes y jamás me rendiré

Lo que después es un desafío (otro aspecto fundamental de la escalera estrecha al cielo universitario) es la permanencia dentro de la universidad. Los factores que inciden son:

  • la propia y personal capacidad de aprendizaje del estudiante,
  • su convicción en la elección de la carrera y
  • el tiempo que la familia puede sostener el financiamiento de la carrera para que el estudiante pueda culminarla sin tropiezos.

Todas cuestiones que se ven más favorecidas en los deciles más altos

  • porque han asistido a buenos colegios (por lo general privados) o tienen un capital cultural mayor o más ayudas académicas llegado el caso y
  • porque el tiempo sin trabajar no es un inconveniente ni para el propio estudiante ni para su familia, al punto que muchos jóvenes se toman años sabáticos, viajan por el mundo, etc. al culminar sus carreras.

¿Cuántos de ellos han egresado de universidades estatales? Esa también es una buena pregunta…

Veamos en el siguiente cuadro la dinámica de permanencia y egreso universitarios si se pertenece al decil más pobre en Argentina[4]:

El cursado del primer año muestra una permanencia del 7,9%, un descenso continuo a medida que pasan los cursos hasta alcanzar un muy excepcional 1.1% al culminar el último año de carrera universitaria.

Hay que ser muy negligente con las estadísticas para ignorar esta realidad que ya muestra la pirámide.

¡Qué pocos jóvenes hijos de obreros o de trabajadores informales, de escasos recursos, pero con inmensos sueños para subir semejante escalera inhóspita y que Argentina debería considerar los héroes de un sistema injusto, indolente y alucinado!

¿De qué educación pública se habla cuando se habla de educación pública?

“La conquista más grande fue que la Universidad se llenó de hijos de obreros, donde antes estaba solamente admitido el oligarca. (Juan Domingo Perón).

En el año 1949, en el marco de un importante proceso de justicia social, de promoción de los derechos sociales y laborales que marcaron de manera favorable y determinante la historia de la clase trabajadora argentina, el presidente Juan Domingo Perón, a través del Decreto 29.337, eliminó los aranceles universitarios”[5]

Lamento afirmar lo siguiente y siempre reiterando lo que ya hemos repasado en otros textos[6]: pasaron 70 años y los jóvenes más adinerados o con mejores recursos y ventajas, siguen siendo la mayor parte de la población estudiantil. Esa conquista no tuvo lugar más que en el discurso político y me estremece constatar que se repiten las palabras sin mirar la realidad.

Los jóvenes excepcionales que logran “resistir” dentro de un sistema que dice amarlos pero que los ignora, son el testimonio más claro de que ese proyecto no cristalizó en Argentina.

¿Será tiempo de pensar las cosas de otra manera?

Para finalizar, presento aquí otro dato revelador.

Las universidades del conurbano bonaerense fueron creadas para acercar las instituciones a los sectores más vulnerables, la intención fue justamente que el cielo se inclinara y rozara la tierra de los menos favorecidos.

¿Qué pasó?

El siguiente cuadro muestra un estudio llevado a cabo sobre ingresantes del año 2017/ egreso 2022 (tiempo esperado) y refleja la tasa de egreso alcanzada, según un informe realizado por la Universidad Torcuato Di Tella[7]

Lo que se puede observar en ese gráfico refleja lo que venimos constatando a lo largo de todo el texto con diferentes datos estadísticos; y es lo difícil que resulta para los jóvenes alcanzar su graduación, especialmente en estos sectores más vulnerables.

De todas formas, el problema de la deserción y de la baja tasa de egreso es crónico y afecta a todo el sistema universitario: la tasa de egreso global nacional es la más baja de la región y habida cuenta de la gratuidad y de las condiciones flexibles amplias para que todos pueden ingresar a la universidad, también hay que preguntarse seriamente por qué solamente el 18, 7 % de los estudiantes de universidades estatales egresan, porcentaje que llega a los 23,3% debido a que se incluyen a los estudiantes de las universidades privadas que alcanzan el 40,8% [8]:

¿Por qué?

¿Por qué tan pocos?

¿Por qué la mayoría de los estudiantes no logran terminar su carrera en tiempo esperado o por qué nunca la culminan?

¿Por qué no abrimos un debate sincero sobre este cielo que se torna tan mezquino y tan distante para la mayoría de los jóvenes argentinos?

¿Qué estamos haciendo mal?

¿Por dónde comenzamos a darnos respuestas?


[1] https://www.argentina.gob.ar/educacion/universidades/informacion/publicaciones/sintesis

[2] https://argentinosporlaeducacion.org/informe/lorem-ipsum-dolor-sit-amet-consectetur-adipiscing-elit/ 

[3] https://argentinosporlaeducacion.org/informe/1108/

[4] https://argentinosporlaeducacion.org/informe/1108/

[5] https://aduba.org.ar/a-69-anos-de-la-gratuidad-universitaria/#:~:text=En%20el%20a%C3%B1o%201949%2C%20en,29.337%2C%20elimin%C3%B3%20los%20aranceles%20universitarios

[6] https://www.memo.com.ar/opinion/universidad-gratuita/

[7] https://www.utdt.edu/ver_nota_prensa.php?id_nota_prensa=22083&id_item_menu=6

[8] https://www.argentina.gob.ar/educacion/universidades/informacion/publicaciones/sintesis

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