A tiro del destino

Chances en un mundo incierto

Gracias al Memo de Mendoza por confiar siempre https://www.memo.com.ar/opinion/bohorquez-analisis-desti-religion-planeta/

Isabel Bohorquez

Aquí retomaremos las preguntas que nos hicimos en el texto anterior sobre cristianofobia en el mundo y el fenómeno de persecución a los cristianos[1].

Ya comentamos -con datos históricos recientes y en el presente- el caudal inmenso de personas cristianas que sufren persecución en el mundo. Open Doors (Puertas Abiertas)[2], la organización que publicó el último informe, la Lista Mundial de Vigilancia 2026, afirma que son 388 millones de personas perseguidas, de las que 201 millones son mujeres o niñas; mientras que 110 millones son menores de 15 años. Sufren vigilancia, restricciones, castigos, detenciones, violaciones, casamientos forzados, torturas, asesinatos. Se profanan sus templos, se prohíben sus actos litúrgicos, se censuran sus gestos religiosos, se legisla desde un secularismo extremo que restringe lo religioso a lo estrictamente privado (en el mejor de los casos).

Hay países como Nigeria donde las masacres a aldeas o barrios enteros se suceden sin perjuicio de sus autores porque no hay una censura internacional ni gubernamental firme; países como Corea del Norte donde está prohibido ser cristiano a costa de la propia vida por considerarse traición a la patria que se paga con tortura, hambre y ejecución en campos de trabajo forzado; países como China donde la vigilancia y el control sobre los actos religiosos cristianos llega a la demolición de iglesias, detenciones arbitrarias de líderes religiosos y fieles así como la imposición de castigos desproporcionados a los mismos; países de “guante blanco” como en Francia, Inglaterra o España donde la censura a los cristianos va en aumento así como las agresiones físicas y profanaciones a templos, etc. al punto que portar una cruz se considera un signo fascista repudiable para algunos sectores radicalizados.

Vimos que entre los sectores identificados como perseguidores se encuentran los grupos islámicos radicales que tienen por objetivo (aunque no solamente) el exterminio de cristianos, los regímenes autoritarios comunistas que prohíben cualquier religión que promueva la persona humana por sobre el régimen colectivo y estatal, así como los estados con estallidos sociales y en proceso de caos -donde la conjunción de los grupos mencionados (islámicos y/o comunistas, izquierda radicalizada) más sus alianzas con redes delictivas como el narcotráfico– dan lugar a un escenario en el que las iglesias cristianas resultan un obstáculo para sus planes. Casos como México -que en plena democracia- atraviesa un escenario de caos institucional en el que los carteles de la droga arrasan con comunidades indígenas, provocan matanzas, desapariciones, etc. y en ese caso, los sacerdotes, las parroquias, etc. resultan la última frontera de contención para la gente, por lo tanto, también son perseguidos y eliminados.

Vimos también como la perspectiva anti occidente, de parte de Europa especialmente, unida a la izquierda internacional, ven en el cristianismo un signo de opresión burguesa, capitalista y colonialista a combatir.

Y nos preguntamos sobre esta particular forma de violencia como es la vinculada a la religión que nos remite a una inquietud profundamente humana. ¿Puede ser posible que se persiga, hostigue, condene, incluso se asesine, a causa de la fe?

¿Qué respuesta tenemos como civilización a este modo de exterminio?

¿Hacia dónde va Occidente? ¿Hacia dónde va el mundo?

¿Esto es una agenda global o es una “guerra santa” (no tan santa)?

¿Por qué el laicismo agresivo de izquierda se alía paradójicamente a extremismos religiosos para despreciar a un Dios Crucificado?

¿Por qué ofende tanto una cruz?

¿Por qué la Iglesia Católica, especialmente, no levanta su voz fuerte y clara?

Intentaremos reflexionar al respecto.

La religión más grande del mundo

Quiero destacar un aspecto que es indispensable para cualquier intento de análisis: el cristianismo es la religión más grande del mundo que abarca aproximadamente un tercio de la población mundial[3]. Actualmente eso implica 2,640 millones de personas (32.2% de la población mundial). Se espera que la cifra supere los 3 mil millones antes de 2050.

La población cristiana aumenta a una tasa anual del 0.98%, superando ligeramente el ritmo de crecimiento de la población mundial, que se sitúa en 0.88%. Se puede observar que hay una tendencia de desplazamiento demográfico de la fe. Mientras el cristianismo se estabiliza o decrece levemente en Europa y América del Norte, experimenta su auge más acelerado en África (crece al 2.1% anual) y en regiones de Asia, Oceanía y América Latina. A pesar de la persecución severa, el cristianismo está en expansión en todas partes. Actualmente, dos de cada tres cristianos viven en las regiones más hostiles. Incluso en el Medio Oriente, la fe sigue en aumento. Hoy en día, más de 750 millones de cristianos viven en África. En comparación, en Europa, Rusia y América del Norte, hay un total combinado de 823 millones de cristianos. En Asia, hay 416 millones de cristianos, con un crecimiento anual del 1.6%. Para 2050, se espera que África sea el hogar de más de 1.2 mil millones de cristianos, mientras que casi 600 millones vivirán en Asia.

Un ejemplo impactante es Irán donde, aunque ser cristiano o convertirse al cristianismo se paga con la propia vida, la comunidad cristiana está experimentando un rápido crecimiento. Esto ocurre principalmente de forma clandestina a través de «iglesias domésticas», a pesar de sufrir una fuerte represión y persecución sistemática por parte del régimen islámico. Ministerios especializados en la región como Elam Ministries[4] y Transform Iran[5] sitúan el total de musulmanes conversos al cristianismo entre 1 y 3 millones de personas con una tasa de crecimiento anual que según estudios demográficos recopilados por manuales como Operation World[6] han registrado que el movimiento de iglesias clandestinas en Irán experimenta un crecimiento evangélico cercano al 19,6% anual, posicionándolo como el más veloz del mundo.

Por detrás del cristianismo viene creciendo el islam, con 2,090 millones de personas (25.5%), es la religión con la tasa de crecimiento demográfico más acelerada del planeta. Le siguen el hinduismo con 1,230 millones de personas (15.0%), fuertemente concentrado en Asia Meridional; el budismo con 540 millones de personas (6.6%) localizado en Asia y, por último, el judaísmo con 15.1 millones de personas (0.18% del total global) localizado principalmente en Israel y los Estados Unidos.

Además, se observa un estancamiento de los no afiliados, las personas que se declaran ateas, agnósticas o sin religión («nones») han comenzado a experimentar una desaceleración en su tasa de crecimiento global, estabilizándose cerca de los 906 millones de personas y esta cifra crece a una tasa del 0.19% anual. Las proyecciones indican que pronto comenzará a disminuir, reduciéndose a 867 millones para 2050.

El fenómeno del retraimiento del ateísmo responde a una combinación de factores demográficos y sociológicos:  1- la brecha demográfica o de natalidad, las poblaciones religiosas tienen, en promedio, muchos más hijos que las poblaciones seculares o ateas (las mujeres que se identifican como no afiliadas a una religión registran una de las tasas de fertilidad más bajas del planeta y en contraposición, las poblaciones de regiones de alta religiosidad -como el África Subsahariana o partes de Asia del Sur- tienen familias significativamente más numerosas); 2- envejecimiento poblacional, los ateos y los agnósticos están concentrados en sociedades con un envejecimiento acelerado; 3- el factor China, aproximadamente las tres cuartas partes de la población no religiosa del mundo vive en Asia, con una presencia masiva en China y Japón. China está sufriendo una crisis demográfica histórica con tasas de natalidad críticamente bajas y dado que el grueso de los ateos del mundo se encuentra en países cuya población total se está reduciendo, el peso porcentual del ateísmo a nivel global disminuye de forma automática; 4- el boom de la religión, mientras que en Europa Occidental y América del Norte avanza la secularización, el resto del planeta se está volviendo más religioso. El crecimiento demográfico explosivo está ocurriendo en lugares donde la religión es un pilar cultural absoluto, como en África, donde el cristianismo y el islam avanzan a ritmos que superan por completo el crecimiento secular; 5- la búsqueda de sentido, el movimiento del «nuevo ateísmo» (muy popular en la década de 2000 liderado por figuras de la ciencia) perdió fuerza cultural. Se ha detectado una fatiga hacia el escepticismo radical y mucha gente que se aleja de las iglesias tradicionales prefiere identificarse como «espiritual, pero no religiosa» en lugar de adoptar la etiqueta de «atea». Esto provoca que las personas mantengan creencias en energías, el destino o un dios no institucionalizado, frenando el crecimiento del ateísmo estricto.[7]

Un dato importante entonces, para registrar y considerar en nuestra reflexión: más del 80 % de la humanidad cree en alguna divinidad y practica una religión y los ateos vienen en declive.

Si lo vemos en el mapa mundial, las principales religiones están distribuidas de la siguiente manera[8]:

Una aclaración indispensable, al describir el cristianismo no nos referimos específicamente al catolicismo, sino a todas las ramas del cristianismo:

Entonces, ¿por qué si lo religioso crece, el cristianismo es la religión más grande del mundo y aún en las persecuciones más severas, va en aumento, hay tanta hostilidad hacia las personas cristianas, su fe y sus instituciones?

Quizá… ¿justamente por eso?

La crisis de identidad y la cultura de la cancelación

La primera reflexión que propongo no es espiritual ni religiosa estrictamente, sino antropológica.

La cristianofobia (así como el resurgimiento del antisemitismo) y la imposición de agendas ideológicas surgen de un vacío de identidad en las democracias liberales (justamente en esos países donde es posible el disenso) en el corazón mismo de Occidente -parte de Europa y América del Norte- al debilitarse los pilares tradicionales (familia, religión, nación), donde aparecen nuevas «religiones seculares» que se tornan más dogmáticas y autoritarias que las que pretenden superar.

Esta erosión de las jerarquías tradicionalesno fue reemplazada por una libertad responsable, sino por un relativismo que habilita y legitima la cristianofobia. Al establecer la fe y la tradición como «estorbos» para el progreso malentendido, se convierten en el blanco fácil de una nueva intolerancia secular.

Por un lado, el socavamiento de los valores judeocristianos que son la base de Occidente, esa ausencia de norte ético (y de pérdida de autoridad consecuente) ha dejado a las sociedades occidentales a la deriva.

Por otro lado, la proclamación de la ideología como sustituto de la trascendencia ha provocado la crisis de las identidades políticas tradicionales y la deshumanización del individuo frente a los colectivismos.

La agenda de la nueva izquierda internacional que hoy podemos también asimilar al concepto de agenda Woke, suele promover una estandarización de valores que colisiona con las particularidades locales, generando un estigma hacia quienes no se alinean.

Hoy en día pertenecer “al lado correcto” de los valores instalados como “verdaderos” implica el riesgo de pérdida de la individualidad.

Al contrario, conservarse como persona que abraza un conjunto de valores para vivir en comunidad, eso es familia, costumbres del pueblo, del barrio, patria, religión, tradiciones, comidas, fiestas, etc.  puede implicar el riesgo de cancelación para estos colectivos ideológicos y ser considerado repudiable, fascista, incluso enemigo.

La identidad particular -y a su vez compartida- que nos permite reconocernos en una biografía única y personal, así como en una historia común: los recuerdos, el valor de las anécdotas de la infancia, los hermanos, padres, abuelos, tíos, primos que enmarcaron nuestro crecimiento, los retos y las travesuras, los juegos y las rutinas, todo eso es parte nuestra, historia propia. La escuela de la infancia, los maestros y sus gestos trascendentes, los símbolos, los gestos, el lenguaje, los ritmos, la música, los paisajes, la placita del barrio, los clubes, los lugares conocidos. Todo lo que es signo de identidad, de camino, de pertenencia. Y tanto a ricos como a pobres, de pequeñas aldeas o grandes urbes, sin distinción alguna, nos cabe una narrativa de quiénes somos y de dónde venimos. Ello nos permite ser personas con biografía, con raíces, con cimientos.

Por el contrario, la mirada woke, no tiene interés por lo local, lo regional, lo nacional, lo propio de la gente. Su propuesta se mantiene dentro de ese marco colectivista que niega o soslaya las identidades que puedan garantizarle a la persona elecciones propias, fuera de la ideología.

La fe arraiga. La fe es un obstáculo para la dominación. La fe es peligrosa para los sistemas ideológicos autoritarios.

La ola Woke requiere sujetos débiles, receptivos y sin afinidades fuertes.

Insisto, por el peso que esto ha tenido socialmente, la cultura de la cancelación funciona como un mecanismo de control social, quien no se alinea con el dogma actual es señalado, silenciado o excluido del debate público bajo la acusación de ser «fóbico», «reaccionario», “facho”, “fascista”, de derechas.

La cruz resulta una amenaza porque una persona cristiana se siente digna ante Dios, mantiene una relación filial, amorosa con Dios, no está sola ni vacía, su vida tiene un sentido de trascendencia que va más allá de su alcance y que se explica de una manera mucho más amplia que sus circunstancias.

El creyente cristiano mira a Dios con esperanza y confianza porque le enseñaron que su Dios es misericordioso, gentil, próximo. Al creyente cristiano le enseñaron que su vida es de servicio, perdón, tolerancia y amor por los demás.

Esas enseñanzas luego se trasladan a valores de vida, la familia, el trabajo, la comunidad, los vecinos, la solidaridad, la justicia, la caridad, la libertad de conciencia, el libre albedrío, el bien común…

Aunque luego nos encontremos con personas concretas que viven como pueden y deciden lo que les parece oportuno en cada momento de su vida, esa cimiente cristiana estará allí, siempre. Su conciencia de persona libre, cercana a la naturaleza divina que lo habita y compartiendo esa chispa de amor trascendente que lo ilumina.

Seguramente hay entre los más de 2600 millones de cristianos toda clase de personas, incluso toda clase de sacerdotes y pastores, algunos realmente despreciables, incluso abominables, pero lo que significa la Cruz, la huella de su marca en la humanidad es un grito de esperanza que trasciende cualquier miseria.

Esa noción de divinidad en el corazón de un creyente sincero, cualquier creyente, de cualquier religión, es quizá la última dimensión para que la especie humana pueda soportar tanto afán de auto aniquilación.

Mucha gente que no se considera cristiana o no considera religiosa y menos aún profesante pero que comparte los valores judeocristianos basales de Occidente, la familia, la comunidad, la patria, etc., tiene dentro de sí la matriz solvente que lo sostendrá a lo largo de su existencia. Se afirmará en sus creencias y convicciones y sabrá que ellas lo trascienden.

En un escenario mundial donde la agenda -abierta o encubierta- es dominar, estupidizar o atemorizar para encasillarnos en categorías serviles a la propia agenda y en desmedro de las personas, una religión que invita a la libertad y al compromiso basado en el amor es un peligro que requiere ser eliminado.

¿Acaso esa no es ya una razón suficiente para entender tantos crímenes contra la religión más grande del mundo?

Las guerras híbridas y no santas

La siguiente reflexión que propongo hace foco en lo geopolítico.

Hoy en día las guerras se libran en más de un sentido.

Las luchas armadas sangrientas siguen siendo parte del escenario reconocible pero también hay otras formas menos evidentes.

Sin alejarnos de la persecución a cristianos ya hemos afirmado que las facciones islámicas radicales, especialmente en África y en Asia, son los responsables de la inmensa mayoría de matanzas y hostigamientos a cristianos. También las redes delictivas como el narcotráfico en América Latina, persiguen los grupos cristianos, incluso cometiendo los mismos crímenes que sus aliados islámicos.

Claramente, si el islam radicalizado pretende expandirse en el mundo, la religión a exterminar, someter, disminuir o dominar es el cristianismo. Para ellos, ser cristiano es ser enemigo de Dios y bajo esa premisa justifican sus crímenes.

Algo que debe comprenderse cabalmente, aunque los gestos que tiene hoy la jerarquía de la Iglesia Católica parecen no advertirlo, es que regímenes como el que se ejerce a la fuerza en Irán (y no su pueblo injustamente sometido), grupos como Hamás, Hezbollah, etc. no admiten la paz porque para ellos la guerra es constitutiva a su fe y quienes no se inclinan ante su doctrina son eliminados. No hay diálogo, no hay ecumenismo, no hay tolerancia, no hay perdón. Solo castigo y exterminio.

Pero hay otro proceso subrepticio, que lleva décadas y que ha avanzado silenciosamente. Esto es, el socavamiento de la hegemonía occidentalen Occidente. O sea, dentro de su propio territorio.

¿Quiénes impulsaron este deterioro?

En principio, alianzas pragmáticas entre potencias euroasiáticas como Rusia y movimientos radicales que no comparten una fe, pero sí un enemigo común: el orden liberal liderado por Estados Unidos y Europa.

Mientras Occidente atraviesa una crisis de autopercepción y se divide internamente por agendas ideológicas, actores externos más decididos y menos escrupulosos (en términos financieros y bélicos) ocupan esos espacios vacíos de poder y autoridad moral. Aparecen los servicios de inteligencia extranjeros y fundaciones ideologizadas que inyectan recursos para promover la fractura social.

El vacío de sentido por el deterioro de los valores judeocristianos que estas agendas llenaron rápidamente y la difusión de relatos y leyendas negras, así como el fomento de la polarización interna en los países occidentales es una herramienta barata y efectiva para debilitar la respuesta estratégica de las democracias ante el avance de estos aliados difundidores de “verdades”.

Por ejemplo, hoy se pretende penalizar a España por haber colonizado América y se insiste con la culpa y el castigo, mientras su actual gobierno suplanta a su ciudadanía española por inmigrantes (mayoritariamente musulmanes) con fines electorales y demagógicos.

Relatos que proscriben las aberraciones occidentales pululan mientras se instala un lenguaje, una mirada y legislación incluso, que sirve a las agendas ideológicas antioccidentales sobre las hegemonías racistas, sexuales, machistas, etc., etc.

Occidente es un territorio a conquistar, dominar, incluso destruir y la guerra empezó hace décadas.

Hago un pequeño stop.

Recuerdo cuando enseñaba (hace casi 20 años) Historia de la educación argentina y latinoamericana en la universidad y discutíamos el concepto de proceso civilizatorio.

Para la opinión académica basada en la crítica post colonialista, “lo civilizatorio” se entiende como un proceso de imposición de una cultura dominante sobre otra, como un ejercicio de fuerza de poder que implica a su vez, un dominio tecnológico, militar o económico que permite y/o avala esta imposición.

Personalmente entiendo que los procesos civilizatorios responden a otra razón de fundamento: una civilización no cae por ataques externos, sino cuando pierde su «nervio antropológico».

La caída de las civilizaciones es interna, se basa en la fragmentación, la división, la pérdida de unidad, de raíces, de cimiento. Los procesos civilizatorios han sido a lo largo de la historia de la humanidad hasta donde hemos podido conocerla, de carácter antropológico cultural. Se fundan en los valores compartidos, el lenguaje, la religión, las creencias, la cosmovisión, las costumbres, las festividades, etc.

Esto es lo que está pasando en Europa, su declive, su disminución poblacional, su reemplazo cultural, su pérdida de sentido y… puede extenderse a otros países occidentales si la agenda antioccidental triunfa.

¿Por qué las mismas organizaciones políticas o religiosas nacidas de Occidente no están reaccionando a la altura de los acontecimientos?

¿Por qué la Iglesia Católica que representa casi la mitad de la comunidad creyente más grande del mundo no se expresa claramente y defiende -según su propio carisma y fe- no solo a los perseguidos sino a toda la gran familia cristiana abofeteada por una ideología que la desprecia?

Esto no se trata solo de fe. Ni de religión.

Evidentemente, la fe crece aún a expensas de sus perseguidores y asesinos…

Esto se trata de civilización.

¿Hacia dónde queremos ir?

¿Tenemos chances de seguir siendo una civilización occidental?

Yo creo que sí. Hay chances y hay indicios.

Sobre ello reflexionaremos en el próximo texto.


[1] https://isabelbohorquez.com/2026/05/10/culpando-a-tu-dios/#_ftn1

[2] https://www.vaticannews.va/en/church/news/2026-01/open-doors-world-watch-list-2026-report-christians-persecuted.html

[3] https://biteproject.com/estado-del-cristianismo-global-en-2025/

[4] https://www.elam.com/

https://www1.cbn.com/mundocristiano/el-mundo/2020/september/encuesta-revela-que-el-cristianismo-esta-creciendo-en-iran-mientras-que-se-pierde-la-fe-en-el-islam

https://spzh.eu/en/news/86431-report-christianity-in-iran-growing-faster-than-anywhere-else-in-the-world

[5] https://transformiran.com/es/aprenda/el-cristianismo-del-siglo-xx-en-iran/

[6] https://operationworld.org/

[7] https://www.pewresearch.org/religion/2025/09/04/many-religious-nones-around-the-world-hold-spiritual-beliefs/

[8] https://www.xataka.com/magnet/tamano-principales-religiones-mundo-ilustrado-detallado-mapa

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