La brújula inquieta

Vaivenes y algunas metamorfosis de las izquierdas y las derechas

Isabel Bohorquez

Gracias al Memo de Mendoza por confiar siempre https://www.memo.com.ar/opinion/bohorquez-analisis-la-brujula-inquieta/

Ya hemos abordado en otros textos lo que implicó la división del mundo en términos políticos entre la izquierda y la derecha desde la Revolución Francesa de 1789 y la traición que estuvo presente desde sus orígenes[1].

Hemos de tratar aquí el concepto de la brújula que ha orientado sistemáticamente las actitudes y acciones de un sector y otro a lo largo de los 200 años que llevan guionando el escenario político mundial (o intentándolo).

En principio me interesa afirmar lo siguiente: la brújula no es un mapa moral inamovible ni en la izquierda ni en la derecha y esto fue así a poco de surgir el mismo proceso revolucionario francés.

Ese es un punto neurálgico a asumir aquí, ya que sus propios autores se movieron de un sector al otro a medida que las circunstancias se modificaron o cambiaron los contextos socio históricos. Entender cabalmente esto nos permite tomar cierta distancia conceptual de cada sector (y sus extremos) y estar advertidos ante la superioridad moral (venga de donde venga) con que suelen abordarse las diferentes cuestiones que en realidad están siendo tratadas desde la óptica de su mayor conveniencia.

Veamos lo que dicen los datos históricos y abordemos la derecha:

Al principio, -en 1789 y en Francia- los absolutistas (alta nobleza y alto clero) y los monárquicos (nobles liberales) sostenían la conservación de la monarquía con todo lo que eso suponía entonces. Fueron la derecha original. Había grupos que pretendían poner un cierto límite al rey instaurando un sistema similar al británico con un Parlamento, pero conservando la posibilidad de veto de parte del monarca. La idea germen de la derecha y que subsistirá a lo largo de los dos siglos siguientes (con sus mutaciones) es el conservadurismo. A diferencia de la izquierda que mantendrá su posición “rebelde” frente a las estructuras y el sistema por considerarlo intrínsecamente injusto.

Toda la burguesía era inicialmente de izquierda porque se oponía a los privilegios de la nobleza y al rey ya que querían libertad económica y participación política. Sin embargo, el punto de quiebre con su propio origen sucede cuando, una vez que cayó el rey y se abolieron los privilegios, la alta burguesía (grandes comerciantes y banqueros) y la burguesía provincial (dueños de tierras) asumieron que la Revolución ya había cumplido su meta. 

Cuando los jacobinos (burguesía intelectual, profesionales liberales y pequeños comerciantes), los sans-culottes (las clases populares), los enragés (precursores del socialismo) y los hébertistas (ateos militantes) quisieron llevar la revolución más allá (control de precios, ejecuciones, régimen de terror de Robespierre), la alta burguesía y la burguesía provincial (que abogaban además por la descentralización del poder político de París en favor de la autonomía del resto de las regiones, la legalidad y seguridad jurídica y la libertad económica) se retrajeron. Vieron en el pueblo una amenaza a su propiedad privada.

Tras la caída de Robespierre, pasaron de ser revolucionarios a ser defensores del orden establecido. En el nuevo mapa político, ellos eran ahora los «conservadores» que buscaban estabilidad frente a los cambios radicales. 

Básicamente, pasaron a la derecha no porque cambiaran de ideas, sino porque el tablero se movió, ellos se convirtieron en la nueva élite que tenía algo que perder.

Llegó la Revolución Industrial marcando la transición de una economía agrícola a una industrializada mecanizada, que impulsó la migración de la gente del campo a las ciudades buscando un modo de subsistencia y generando una nueva clase social, el proletariado.

Tuvo una primera fase (1760-1840) que se originó en Gran Bretaña, impulsada por la máquina de vapor, el carbón, la mecanización textil y el hierro. Y una segunda fase,(1870-1914) que se expandió a Alemania, EE. UU. y Japón, con el petróleo, la electricidad, la cadena de montaje y el motor de combustión interna.

Este proceso transformó la organización social y económica, creando la fábrica moderna, el capitalismo y consolidando la burguesía y el proletariado.

Con la Revolución Industrial, la derecha y la izquierda se redefinieron por completo en torno a la economía y la clase social. La motivación original (abolición versus defensa de la monarquía, aunque esa jerarquía nunca desapareció del todo) dio paso a la disputa sobre la distribución de la riqueza y quién tiene el control sobre ella.

La burguesía se ubicó a la derecha por ser capitalista, o sea, la dueña de las fábricas, las máquinas y el capital. Su prioridad fue conservar el derecho a la propiedad privada y la libertad de mercado sin intervención del Estado. También se convirtió en la defensora de las jerarquías basadas en el éxito económico y a medida que nacían los sindicatos y las ideas socialistas (la nueva «izquierda»), la burguesía industrial se alió con los antiguos sectores conservadores (iglesia y ejército) para frenar las huelgas y las revueltas obreras.

La derecha dejó de ser la «sangre azul» para ser el «dinero». Se ubicó en la defensa del statu quo industrial frente a las demandas de justicia social del proletariado.

Un dato de la historia: a pesar de ser los miembros de la izquierda quienes abogaban por los derechos de los trabajadores, fueron miembros de la derecha quienes los materializaron como una forma de conservar el orden.

La derecha fue pragmática desde sus comienzos.

Otto von Bismark (el canciller de hierro), conservador y aristocrático, creó en la Alemania de la década de 1880 el primer sistema moderno de seguridad social, diseñado para frenar el auge socialista (evitaba así las huelgas y revueltas) y proteger a los trabajadores. Implementó seguros obligatorios enfocados en la clase obrera y trabajadores de ingresos bajos/medios y financiados por cotizaciones de empleados y empleadores, no por impuestos generales (sistema contributivo), incluyendo seguro de enfermedad (1883), accidentes laborales (1884) y jubilación/invalidez (1889).

La decisión fue brillante.

Este modelo, basado en el principio de solidaridad, se diferencia del modelo Beverigde (asistencial) y se conoce como «modelo de Seguro Social» o «modelo bismarckiano» aún hoy vigente.

Bismarck también veía la educación como un pilar fundamental para la unificación nacional y la formación de ciudadanos leales al Imperio Alemán por lo que promovió la educación pública y la formación ciudadana.

Henry Ford, uno de los padres del capitalismo americano y del sistema industrial del siglo XX, procedió de un modo similar, implementó el famoso salario de 5 dólares la hora (el doble de lo que se pagaba entonces) en 1914, duplicando el salario promedio y estableció el régimen de jornada laboral de 8 horas diarias durante 5 días de la semana (en 1926).

No haríamos justicia ni con el movimiento obrero emergente en Estados Unidos ni con el propio Ford si reducimos la historia al párrafo anterior, pero sí es un ejemplo verídico de que parte de los grandes logros para la clase obrera vinieron de la derecha por considerarlos convenientes y oportunos ya que el bienestar social puede ser una herramienta de conservación.

La brújula, el norte, de la derecha son sus cuatro pilares fundamentales: orden, la estabilidad social es prioritaria sobre el caos; tradición, valoración de la familia, la religión y la nación; jerarquía, aceptación de las desigualdades como naturales o funcionales y autoridad, respeto a la ley y a las figuras de poder. Ellos, sumados a la defensa de la propiedad privada y al libre mercado como sustento del progreso social y económico.

Justamente todo lo que la izquierda combatió y defenestró. Se opuso a las tradiciones y a las jerarquías en base a un nuevo orden social, la igualdad sin clases y la revolución permanente (el caos) así como la oposición a la ley y a las figuras de poder consideradas injustas y opresivas per se, enmarcadas además en el estigma colonizador de Occidente a quien considera un enemigo constante. Lo curioso es que la izquierda nació en Occidente y aunque se expandió más allá de su geografía, es hija de la Europa que floreció con el capitalismo y la revolución industrial. Su afán por expropiar y controlar desde el Estado las fuentes de producción y de riqueza (incluso todo lo demás en gobiernos comunistas) tuvo como antípodas el deseo de éxito económico de la derecha que, a su vez, dio muestras tantas veces de una voracidad insaciable.

Y en el medio, la gente, nosotros…

Una cuestión más que las diferencia en su brújula: la religión, especialmente el cristianismo occidental.

La derecha siempre estuvo (y está) más cerca de las instituciones de la Iglesia. Su inclinación a las tradiciones y su consideración respecto a las jerarquías y al orden, orienta a la derecha hacia la concepción de un mundo basado en ellas (muchas veces por conveniencia, otras por fe, o ambas).

En cambio la izquierda, desde sus orígenes se opuso a la Iglesia, los más radicales (hébertistas) quisieron abolirla e incluso quemar los templos. Luego el socialismo marxista (primer hijo de la izquierda) planteó un mundo donde el hombre debe progresar sin Dios. Para Marx, la supresión de la religión como felicidad ilusoria es un requisito necesario para la verdadera felicidad del pueblo, permitiendo la lucha por la transformación material de la sociedad. La consideró el opio de los pueblos ya que él entendía que no habría lucha social si la gente se alienaba en el sometimiento a la esperanza en Dios.

¿Cómo evolucionó la derecha? ¿Qué fue de su brújula?

La derecha durante el siglo XX se fragmentó en varios posicionamientos.

Surgieron extremos como el fascismo (nacionalismo totalitario) y versiones moderadas como la democracia cristiana. En los 70 y 80, Thatcher y Reagan impulsaron el neoliberalismo (desregulación y libre mercado).

Un punto a considerar: no toda la derecha es fascista. Es parte de una terrible simplificación del escenario político e histórico. Como también hay sectores de la izquierda que son fascistas, así de inquieta puede ser la brújula política…

¿Cómo distinguir entonces cada posicionamiento?

La derecha no fascista cree en el sistema de pesos y contrapesos. Aunque quiera cambiar leyes, respeta la independencia del Poder Judicial, la libertad de prensa y los resultados electorales, incluso si pierde. Entiende la sociedad como un conjunto de ciudadanos con intereses distintos, compite contra adversarios políticos y se basa en argumentos programáticos (bajar impuestos, menos Estado, valores tradicionales) dentro de un marco de realidad compartida. Acepta las instituciones en función de los pilares que ya mencionamos.

El fascismo o neofascismo ve a las instituciones como obstáculos para la «voluntad del pueblo”, deslegitima activamente a los jueces, tilda a la prensa crítica de «enemiga del pueblo» y suele agitar teorías de fraude si el resultado no le favorece. Divide al país en dos bloques irreconciliables: el «pueblo puro» (sus seguidores) y los «traidores» o «antipatria» (la oposición, minorías o élites), no busca vencer al oponente, busca eliminarlo del mapa político. Utiliza la «posverdad», construye grandes mitos de conspiración y apelaciones emocionales constantes. La verdad importa menos que el relato de «nosotros estamos siendo víctimas de ellos», justifican la violencia y el exterminio de sus enemigos como defensa de su causa, sus líderes son considerados “sagrados”, promueven la liturgia política, la arquitectura de la fuerza, la propaganda, así como el adoctrinamiento, particularmente a la infancia y a la juventud.

A diferencia de la derecha no fascista, que preconiza la libertad económica y civil y la reducción del Estado (aunque eso pueda profundizar desigualdades o desproteger sectores más vulnerables), los fascismos han tenido dos vertientes complementarias: el fascismo italiano (Estatismo), para Mussolini, el Estado era lo supremo. Su lema era: «Todo en el Estado, nada fuera del Estado». El individuo solo tenía sentido si servía a la maquinaria estatal. No nació como un movimiento racista (aunque luego adoptó leyes raciales para complacer a Hitler), Mussolini empezó siendo un periodista socialista radical antes de fundar el fascismo. Su cambio de rumbo se debió a que creyó que la Primera Guerra Mundial demostró que la identidad nacional era más fuerte que la identidad de clase social. Soñaba con restaurar el Imperio Romano.

La otra vertiente, el nazismo alemán (Racionalismo Biológico), para Hitler, el Estado era solo un instrumento para servir a la raza. El concepto de «sangre y suelo» (Blut und Boden) era el centro. La nación no era una estructura política, sino una unidad biológica que debía mantenerse «pura», llevando el nacionalismo a un extremo de aniquilación de lo que no fuera ario.

La distinción conceptual es clara, luego en la realidad, los procesos históricos y políticos dan cuenta de un dinamismo que hacen difícil muchas veces saber cuál es cuál…pero igualmente conviene reservar el término fascista para regímenes dictatoriales que hoy también se identifican como de extrema derecha.

Un dato más, estas son las dictaduras del siglo XX y hasta nuestros días que se gestaron desde la derecha o giraron hacia la derecha, lo que refleja que se puede mutar hacia totalitarismos que terminan afectando (o anulando) las libertades civiles del mismo modo que los regímenes totalitarios de izquierda:

Un giro más dieron la derecha y la izquierda en su brújula actual del siglo XXI.

El último giro tiene que ver con el oportunismo y la supervivencia política tanto de un sector como del otro.

La izquierda perdió a su sujeto revolucionario, el obrero. Falló en sus objetivos y la clase trabajadora terminó buscando seguridad y estabilidad económica en la derecha con quien pudo sentarse a discutir. La izquierda pasó entonces a defender la identidad (minorías, género). Hoy, a menudo, está más preocupada por el lenguaje que por el salario industrial, defiende causas internacionales, se ha vuelto más declamatoria que revolucionaria.

La derecha se adaptó a los requerimientos de demandas sociales y enfatizó la defensa nacional (cuidado de las fronteras, problemas inmigratorios, etc.).Ha pasado del «libre mercado global» al nacionalismo proteccionista. Líderes de derecha hoy atacan a las grandes corporaciones globales porque consideran que destruyen la cultura nacional.

Se asimilaron los discursos de uno y otro sector al punto que ambos hablan de educación, salud, desarrollo sustentable, etc., etc. porque ahora en la arena política la batalla parece ser cultural.

En resumen, la brújula cambia junto con los acontecimientos:

ÉpocaNorte de la IzquierdaNorte de la DerechaMotor del cambio
1789Derrocar al Rey.Mantener el Trono.Ilustración.
1850Socialismo / Fin de la propiedad.Capitalismo / Orden legal.Rev. Industrial.
1950Estado de BienestarEstabilidad institucionalGuerra Fría.
2026Diversidad / IdentidadSoberanía / SeguridadGlobalización

Mientras tanto, el mundo que se asoma y no se detiene se inclina por gobiernos de derecha que procuren ese orden y seguridad necesarios para la vida, que les permita generar condiciones para trabajar, formar su familia, tener su hogar, sus cosas, sus proyectos, porque, en definitiva, para la gente (no revolucionaria, no poderosa, no militante) de eso se trata.

¿Realmente es ese el camino? ¿O tenemos otra opción?

Nos resta reflexionar sobre el destino y el horizonte posible de las izquierdas y las derechas, así como la tercera vía.


[1] https://www.memo.com.ar/opinion/democracias-politica-moderna-bohorquez/

https://www.memo.com.ar/opinion/isabel-bohorques-la-revolucion-traicionada/

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