Irán es Persia

El despertar de un pueblo de su noche más larga

Isabel Bohorquez

Gracias al Memo de Mendoza por confiar siempre https://www.memo.com.ar/opinion/iran-es-persia-bohorquez/

Abordar la tragedia que hoy vive el pueblo iraní, me lleva a recordar los libros de historia antigua, aquéllos donde estudiábamos el Imperio Persa.

Un poco de historia

Persia fue el primer gran imperio del mundo (Aqueo, Parto, Sasánida) que – aproximadamente a partir de 600 años a. C.- expandió su dominio por el sur de Asia, Oriente Próximo, la península arábiga y el norte de África, abarcando desde Grecia hasta la India, con su núcleo en el actual Irán.

“(…) Es una de las civilizaciones más antiguas del mundo, con una historia de asentamiento que se remonta a más del 11 000 a. C. Alrededor del 6000 a. C., fue el lugar donde se descubrieron por primera vez oro, plata, cobre y otros metales. Alrededor del 2000 a. C., tribus arias se asentaron en la región, lo que dio al país el nombre de Ariana o Irán, que significa «la tierra de los arios». Ario se entendía como el antónimo de «bárbaro», que significaba una persona civilizada y libre.

Los arios se asentaron en la región de Persis o Parsa, al suroeste de Irán. Esta región se conoce en las lenguas occidentales como Persia, y sus habitantes, persas. Los persas se unieron como nación hacia el año 625 a. C. Un siglo después, habían conquistado toda la meseta iraní.

Con el tiempo, desde su capital, Persépolis, el Imperio Persa extendió su dominio a tres continentes, abarcando Europa Oriental, el norte de África y Asia Central. En su apogeo, fue el mayor imperio que jamás haya existido, y sigue siendo hasta la actualidad el mayor imperio de la historia en términos de porcentaje de la población mundial. Se extendía desde Egipto, al oeste, hasta la India, al este, y desde gran parte de Ucrania, al norte, hasta Yemen, al sur.”[1]

Fuente:https://www.youtube.com/watch?v=o8uixz0-oTA&t=11s

Después de dos siglos de glorias y conquistas militares fue sometido por Alejandro Magno (330 a 340 años a. C.), hubo períodos intermedios de resurgimiento, combatió contra los romanos y finalmente, fue sometido por los árabes musulmanes (700 años d. C.). O sea, pasaron 1200 años desde su surgimiento como imperio hasta que llegó el islamismo a la región.

Sobrevivieron a numerosas invasiones de mongoles, turcos y rebeldes afganos, pero mantuvieron su singular unidad nacional multiétnica, en ella habitaban los persianos, los medos, los sasánidas, los safávidas, los partos. En Persia convivieron diversas religiones: judíos, cristianos, musulmanes y zoroastras.

“(…) Mucho antes de que el islam se convirtiera en la religión mayoritaria de Irán, el territorio estuvo marcado por una fe antigua y luminosa. Se trata de una de las religiones monoteístas más antiguas del mundo, fundada por el profeta persa Zaratustra, o Zoroastro, entre aproximadamente el 1500 y 1000 a.C. Su mensaje, sencillo en apariencia, pero radical para su tiempo, proponía que la vida humana era una elección constante entre el bien y el mal, guiada por un solo dios supremo, Ahura Mazda. Hablamos del zoroastrismo.

Lejos de rituales fastuosos o templos monumentales, el zoroastrismo se articuló en torno a un principio moral que todavía hoy resulta sorprendentemente moderno: buenos pensamientos, buenas palabras y buenas obras. No bastaba con creer: había que actuar en consecuencia».[2]

Durante la invasión árabe musulmana los templos zoroastras fueron destruidos o transformados en mezquitas, los textos sagrados se perdieron en gran parte y los zoroastrianos se enfrentaron a una elección dramática: convertirse al islam, huir o practicar su fe en secreto. Los que escaparon a la India, son conocidos como los parsis y unos pocos permanecieron en la región que hoy conocemos como Irán, manteniendo la tradición a pesar de las represiones.

Los principios del zoroastrismo han hecho una huella profunda en la humanidad: el juicio tras la muerte, el cielo y el infierno, la lucha entre el bien y el mal, la llegada de un mesías y el fin de los tiempos, representan un conjunto de creencias que son muy anteriores al judaísmo, al cristianismo o al islamismo.

La cuna de esa religión tan antigua fue Persia, con su cosmovisión tolerante y pacífica.

Estos acontecimientos a lo largo de su historia, propiciaron el surgimiento de una nación que, en su religión, arte, costumbres y tradiciones, recoge lo mejor de sus milenarias herencias culturales, lo que “(…) produjo algunos de los intelectuales más grandes del mundo, y cambiaron el mundo para siempre”. Antecedentes sobre conocimiento matemático, astronómico y filosófico que luego encontramos en Copérnico, en Descartes o en Santo Tomás de Aquino provienen de la sabiduría persa, lo mismo su arquitectura, su poesía y su música que influyó tanto en los instrumentos como la teoría musical que moldearon las tradiciones indo-persas, así como la música árabe y sentó las bases para la música islámica medieval, destacando la riqueza de sus escalas (tercios de tono) y la profunda conexión entre música y meditación. Hay tanto para decir de esta magnífica civilización…

Esta es la matriz cultural, arcaica, original del pueblo iraní. Libertad, unión y tolerancia en un mundo donde la lucha entre el bien y el mal encuentra a las personas en una posición ética de elegir y obrar en consecuencia.

Se dice que Ciro el Grande (el mayor emperador de Persia en su apogeo) fue considerado el padre de los derechos humanos por promulgar la «primera ley sobre derechos humanos» tras la conquista pacífica de Babilonia. Ciro instituyó la libertad de culto y permitió a las personas regresar a sus patrias ancestrales.

Sucesivas dinastías reinaron en el imperio, que con los siglos fue reduciendo su extensión -ningún imperio sobrevive a los avatares de los diferentes ciclos históricos y geopolíticos- hasta conformar el actual territorio de Irán que toma su nombre recién en 1935.

Llegamos así en un salto seguramente injusto e insuficiente al siglo XX.

Nuevos intereses extranjeros

A principios del siglo XX, en medio de un proceso aún expansionista de Europa sobre el resto de los continentes, Reino Unido descubre que Persia tenía uno de los mayores yacimientos petrolíferos y de gas del mundo. También resultó, para sus planes, una región neurálgica desde el punto de vista geopolítico.

“El problema de Irán reside en sus inmensos recursos naturales. Irán ocupa el quinto lugar a nivel mundial en términos del valor de sus recursos naturales. Entre ellos se incluyen cromo, carbón, cobre, petróleo crudo, mineral de hierro, plomo, manganeso, gas natural, azufre y zinc. Posee la segunda mayor reserva de gas conocida del mundo y la cuarta mayor reserva de petróleo.”[3]

Ya había fracturas entre la dinastía reinante y la voluntad popular que, presionando al monarca, logró la Constitución Nacional y una Asamblea de consulta nacional en 1921.

Sucede entonces el golpe militar que lo consagra a Reza Pahlaví como el nuevo sah. Este asume con la perspectiva de modernizar el país, abrirlo al mundo, aunque bajo la tutela de Inglaterra y Estados Unidos con quienes mantenía una relación cercana. Promovió el desarrollo industrial, construyó carreteras, universidades al estilo europeo y otorgó libertades a las mujeres como nunca se habían visto en el mundo musulmán.

Las políticas reformistas y liberales le ganaron la enemistad de los clérigos islámicos que comenzaron a influenciar en la gente para oponerse al sah.

Comenzaba otro proceso en la historia de Persia, que pronto fue nombrada por el propio sah como Irán en 1935.

Los ojos de la codicia posaron su mirada en Irán, además del cruzamiento de intereses debido a la segunda guerra mundial que ubicó al ejército nazi en esa región y con ese justificativo, alentó a Inglaterra y a Rusia a invadirla. A raíz de la invasión a Irán, el sah es obligado a abdicar en favor de su hijo Mohammad Reza Pahlaví en 1941.

Durante la primera mitad del siglo XX, los ingleses fueron prácticamente los dueños del petróleo persa y el monarca era visto por sus opositores como un títere.

El sah se mantuvo como aliado de Occidente, continuó el proceso de modernización industrial, otorgó el voto a las mujeres, impulsó una reforma agraria, redistribución de tierras y en 1951, la industria petrolera de propiedad británica fue nacionalizada por su primer ministro Mohammad Mosaddegh, quien contaba con el apoyo del Parlamento Nacional de Irán para hacerlo. Fue llamada la Revolución Blanca. El país comenzó un proceso -aunque desigual- de modernización, laico, al estilo occidental.

Sin embargo, Mosaddegh fue derrocado en el golpe de Estado iraní de 1953, que fue llevado a cabo por el ejército iraní bajo la égida del Reino Unido y los Estados Unidos. Posteriormente, el gobierno iraní centralizó el poder bajo el sah y trajo a las compañías petroleras extranjeras de vuelta a la industria del país a través del Acuerdo de Consorcio de 1954. 

Surgieron vientos de cambio, sectores que pedían la nacionalización de los recursos naturales. hacían hincapié en la soberanía nacional y en la necesidad de regular las relaciones comerciales con occidente.

El sah debilitado y ganando enemigos entre los terratenientes, los clérigos islámicos y los sectores influenciados por una mirada política que provenía fundamentalmente de la izquierda francesa, adoptó una política muy hostil con sus opositores como estrategia de fortalecimiento de su reinado lo que ocasionó persecuciones, encarcelamientos y causó el exilio de muchos clérigos musulmanes radicales. Uno de ellos, el musulmán chiita ayatolá Ruhollah Khomeini, carismático e influyente se exilió en Francia.

Se armó el triángulo perfecto: el régimen monárquico debilitado, la población-como gran parte de medio oriente- anhelaba otra forma de organización social y política y los países colonialistas que descubrieron riquezas inmensas en la región querían mantener su injerencia y poder.

Las ideas revolucionarias venidas de Europa que se aliaron al islamismo radical

Entre los intereses económicos y políticos se gestó la siguiente revolución, la del año 1979 que llevó al poder al ayatolá Ruhollah Khomeini.

La disconformidad de la sociedad iraní era real y concreta. El sah basó su monarquía en un autoritarismo insostenible. Los musulmanes se oponían al laicismo y a la occidentalización de Irán. Los sectores más ricos velaban por sus negocios, los países codiciosos como Reino Unido, Estados Unidos y Rusia (luego también China) hacían lo suyo para no perder poder sobre la región y, en plena post guerra, ideas como las de Michel Foucault concibieron que había una oportunidad de espiritualización revolucionaria. Sus escritos sobre la revolución iraní condensan una de las mayores contradicciones del pensamiento progresista de izquierda: que una religión radical admitiera un proceso de democratización. Terminó como terminan casi siempre estas revoluciones: en una dictadura feroz.

Foucault[4] escribió dieciocho textos sobre la Revolución Iraní entre 1978 y 1979. Su análisis se centra en la resistencia popular contra el régimen del sah Mohamed Reza Pahlaví. El autor explora conceptos como poder, política, resistencia, subjetividad, y la relación entre modernidad y tradición y la religión como factor político.

La sublevación popular es vista como una resistencia al régimen del sah, con el islamismo chiita como elemento unificador. Foucault considera la revolución como una insurrección de un pueblo sin armas que busca liberarse de la opresión.

El entusiasmo revolucionario de Foucault repite el esquema de todo pensador -probablemente bien intencionado- que “mira” la revolución desde sus ideas, pero luego no tiene herramientas efectivas para realizarla, además que le resultó posible tal entusiasmo desde la lejanía mientras fue el pueblo iraní quien puso el cuerpo a las balas. Incluso, cuando Khomeini inicia su período de poder con derivas autoritarias peores que las del sah, toma distancia, pero ya era tarde…

En su «Carta abierta a Mehdí Bazargán», Foucault critica las ejecuciones de opositores y reafirma el derecho a la sublevación.

La Sublevación y la Historia: el núcleo duro ideológico

Foucault define la sublevación como un momento en el que la vida se afirma frente al poder, interrumpiendo el curso de la historia. La sublevación es un acto de desobediencia y libertad frente a los poderes establecidos.

Foucault considera que las sublevaciones son momentos irreductibles que introducen la subjetividad en la historia. La historia se reconfigura a través de la resistencia de individuos o grupos que desafían el poder.

Y consideró a la religión el factor político clave. Vio en el chiismo un camino para la conciencia política y la resistencia en la revolución iraní. ​Para Foucault, el chiismo se presenta como una contra conducta que desafía las conductas impuestas por el gobierno.

La religión chiita se convierte -desde esta perspectiva- en una forma de organización social y expresión política. ​Así, la espiritualidad política es vista por Foucault como una fuerza que impulsa la sublevación y el sacrificio; y la define como una experiencia transformadora que permite al sujeto renunciar a su individualidad. ​

La espiritualidad política puede encontrarse tanto dentro como fuera de la religión. ​Foucault considera que todos los grandes cambios sociales surgen de movimientos de espiritualidad.

Esta mirada progresista de izquierda asumió que la modernización del sah era en realidad un arcaísmo, un proyecto del pasado, ligado al régimen opresor y -paradójicamente- la tradición religiosa se presentaba como una respuesta a la modernización impuesta. ​

Yo me pregunto: ¿nadie advirtió lo absurdo de este planteo? Evidentemente, no.

La resistencia, según Foucault, se manifiesta como una autoafirmación de la vida frente a la opresión. Su análisis resalta la relevancia del islam como fuerza política en el contexto contemporáneo.

Quienes siguen sosteniendo esta perspectiva ideológica, seguramente consideran que el islam es una fuerza política digna de tener su espacio en el contexto de las revoluciones propulsadas por la izquierda en el mundo. Aunque justamente decanten en un proceso inverso a lo promulgado.

Eso quizá explique el silencio de tantos progresistas…

La última revolución iraní

¿Qué puede decirse de la masacre que está sucediendo en Irán que no se haya dicho ya por estos días en las redes?

Muere gente en las calles bajo el puño opresor de un régimen que, apenas asumido (en 1979), mostró los dientes y su verdadera identidad. Desplazó a sus aliados liberales, incluso los persiguió, encarceló o asesinó.

Irán volvió a cambiar su nombre por República Islámica de Irán. Su máxima autoridad, el ayatolá, decidió todos estos años sobre la vida y la muerte, los usos y costumbres, hasta en la vestimenta y la alimentación. 

Instauró un régimen que se enfrentó a Occidente, se alió con sus enemigos y trabajó incansablemente para la constitución de un mundo islámico global. Hoy su sucesor, el ayatolá Alí Hoseiní Jamenei, desde 1989, siguió el legado islámico radical del Khomeini.

Los iraníes, en su mayoría musulmanes, que acompañaron la revolución para destituir a un rey tirano, empoderaron a un dictador déspota y autoritario que, según su interpretación del islam, gobernó a Irán, lo empobreció, lo marginó del mundo occidental y le quitó todas las libertades y anhelos que habían conformado el sustrato revolucionario.

Hoy están entregando su vida. No hay mentores codiciosos (aún), ni religiosos fanáticos ni ejércitos preparados. Han salido a las calles con sus cuerpos expuestos a las balas.

Las mujeres, grandiosas feministas auténticas, jóvenes y más jóvenes, niños, ancianos…despertando, reclamando su condición de dignidad, su libertad…

Irán es un país con casi 93 millones de habitantes, el 60% de esa población tiene menos de 30 años, la edad media es 34 años. Su población es joven, mayoritariamente nació después de la revolución islámica y solo conoce ese régimen que no los deja vivir ni ser ni existir si no es bajo su autoridad. No conocieron a Foucault ni al sah. Y su fuerza es arrolladora.

¿Tendrán la oportunidad de ser el Irán que sueñan?

¿El mundo, occidental y oriental, prestará suficiente atención al mundo que se asoma y no se detiene?

¿Veremos a otros países ayudar en verdad a un pueblo que se está ahogando en su propia sangre?

Irán necesita de todos nosotros. Y nosotros necesitamos de Irán. Su impronta en el destino de la humanidad, su memoria ancestral, su fuerza y su determinación.

Aún en su época remota, en donde las regiones se conquistaban, se entrelazaban y se dominaban como una parte sustancial de los procesos civilizatorios, se puede decir del imperio persa -hoy Irán- que este ofreció a la humanidad una base cultural y espiritual que supera en mucho a sus alfombras tejidas y a sus riquezas naturales. Este tesoro aún pervive en su pueblo y hoy ha salido a las calles, despertando de su noche más oscura.


[1] https://www.fairobserver.com/world-news/iran-news/what-do-you-know-about-iran-formerly-persia/#:~:text=Consideraban%20a%20Ir%C3%A1n%20vital%20para,pol%C3%ADtica%20editorial%20de%20Fair%20Observer.

[2] https://historia.nationalgeographic.com.es/a/iran-antes-islam-religion-que-rendia-culto-fuego-que-fue-perseguida_25273

[3] https://www.fairobserver.com/world-news/iran-news/what-do-you-know-about-iran-formerly-persia/#:~:text=Consideraban%20a%20Ir%C3%A1n%20vital%20para,pol%C3%ADtica%20editorial%20de%20Fair%20Observer.

[4] Michel Foucault y la Revolución Iraní: reflexiones en torno de la sublevación, la resistencia y la política. Marcelo Raffin, Conicet ISSN: 2255-3827 lastorresdelucca.org

Un comentario sobre “Irán es Persia

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  1. Excelente revisión histórica. Explicación simple y sencilla de la realidad que somete desde fines del siglo pasado al pueblo irani.

    Ojalá que occidente no desvíe su mirada y ayude a la liberación de ese oueblo

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