La herejía exitosa

Tras las huellas de un modelo de sociedad

Isabel Bohorquez

Gracias al Memo de Mendoza por confiar siempre https://www.memo.com.ar/opinion/bohorquez-analisis-la-herejia-exitosa/

Comprender el modelo nórdico como el sistema democrático más exitoso del mundo según los indicadores de desarrollo humano IDH[1] (crecimiento económico y bienestar humano expresado a través del nivel de vida, salud y educación, medido desde el año 1990), de progreso social[2] (necesidades básicas, fundamentos de bienestar y oportunidades, medido desde el año 2013) y de percepción de felicidad[3] (escala de Cantril que indaga sobre la satisfacción de la propia vida y comparativamente entre países, medido desde el año 2012) con sus variaciones, significa alcanzar un cierto grado de esclarecimiento respecto a cómo es que a algunos países les va bien.

Ya nos hemos referido a esos aspectos en el elenco mundial de países cuando abordamos las democracias/autocracias y la tendencia a gobiernos autoritarios que se evidencia actualmente (posible tercera ola de autocratización)[4].

Aquí queremos abordar la comprensión necesaria -considerando que ese logro es fruto del consenso y del esfuerzo- de sociedades que iniciaron su proceso siendo pobres y marginales dentro del continente europeo para hoy ser el ejemplo a imitar (o por lo menos, a estudiar).

Entonces la pregunta es: ¿Cómo fue que países como Noruega, Suecia, Islandia, Dinamarca o Finlandia llegaron a la cúspide en todas las mediciones de prosperidad y desarrollo humano?

Comencemos por hacer un poco de historia.

El auge del socialismo en Europa (1880-1914)

A finales del siglo XIX, la Segunda Internacional (federación de partidos socialistas y laboristas autónomos,1889) era el gran paraguas.

En ese momento Europa iba tornándose socialista desde las bases obreras con una fuerza arrolladora.

Surgieron partidos que se consolidaron rápidamente:

La «socialdemocracia» era el nombre del movimiento obrero que seguía las ideas de Marx. Su objetivo era el fin del capitalismo y la propiedad privada de los medios de producción, accediendo al poder a través de la dictadura del proletariado y eliminando las diferencias de clase al abolir la burguesía y todo privilegio social[5].

Imaginemos por un momento la escena: apogeo de la revolución industrial, poderío colonialista europeo en África y Asia (que enfrentó a socialistas ortodoxos antiimperialistas y socialistas reformistas que veían en la colonización un posible factor de progreso),  expansión del capitalismo, surgimiento de nuevas clases sociales entorno a las ciudades, desigualdad, explotación de ricos a pobres, conciencia emergente de clase, nacionalismo en países que estaban aglutinados en regiones imperiales (imperio ruso, imperio austrohúngaro, imperio alemán), surgimiento de los sindicatos…era el caldo de cultivo perfecto para una fuerza revolucionaria que intentara cambiar el destino de millones de personas.

Veamos un mapa de Europa en 1914[6]:

La cuestión era cómo. Desde el comienzo, este socialismo marxista o socialdemocracia llamada en aquél entonces, se fracturó en la visión de cómo llevar adelante la transformación social aspirada.

Los revolucionarios fieles a Marx y la doctrina defendieron el concepto de destrucción del sistema capitalista y burgués y la consolidación de una sociedad sin clases (comunismo).

Los infieles, postularon una reforma del sistema, no acabar con él, además de buscar vías pacíficas para acceder al poder a través de instituciones democráticas (voto, sindicatos).

De este cisma surgirían entre sus principales corrientes, los reformistas, los revisionistas y los fascistas.

La primera grieta apareció con Eduard Bernstein a finales de 1890. Bernstein publicó Las premisas del socialismo[7]en 1899, donde se atrevió a decir algo que para los marxistas ortodoxos era una herejía: «El movimiento lo es todo; el objetivo final no es nada».

Eduard Bernstein[8] nació en Berlín en 1850 y militó en el SPD desde 1872 hasta su muerte en 1932, considerado padre de la socialdemocracia, criticó aspectos fundamentales de Marx. Observó que las predicciones de Marx no se cumplían: la clase media no desaparecía y los obreros estaban viviendo un poco mejor gracias a las reformas. Propuso que el socialismo debía ser una evolución gradual a través de la democracia, no una ruptura catastrófica y defendió posturas reformistas y evolucionistas.

Se le atribuye la defensa de una economía mixta y una sociedad en la que el Estado arbitre entre clases sin eliminar la propiedad privada ni las clases sociales, proponiendo enfoques más pragmáticos como la aceptación de ciclos económicos y la existencia de una clase media que pudiera fortalecerse con el progreso.

Bernstein rechazó la idea marxista de una revolución inevitable y la concepción del comunismo como fin de la historia.

Propuso que el capitalismo tiene ciclos de auge y caída, y que la economía puede recuperarse y crecer a largo plazo, desmitificando la idea del colapso inminente que Marx profetizó.

También cuestionó el núcleo teórico marxista al discutir la teoría de la plusvalía y de la relación valor-trabajo ya que argumentó que el valor de un producto no puede determinarse puramente por el «tiempo de trabajo socialmente necesario» tal como proponía Marx, debido a que la tecnología, la intensidad del trabajo y la demanda del mercado influyen en el precio real.

Criticó a la plusvalía (el valor que el trabajador produce, pero no recibe) considerándola más una construcción teórica que una medida sistemática de la explotación en el capitalismo.

Y finalmente, refutó la polarización social. Bernstein señaló que, contrario a la predicción marxista de que los ricos se harían más ricos y los pobres más pobres (polarización), los datos mostraron que la clase media se expandía, la clase trabajadora mejoraba sus condiciones y el capitalismo demostraba mayor capacidad de adaptación.

Defendió el liberalismo y que el socialismo puede ser una evolución del liberalismo.

Algo fundamental de su postura, a mi entender, es su concepción de que el objetivo no es perpetuar la condición obrera, sino elevar a la clase trabajadora a la ciudadanía plena mediante la democracia y reformas.

Evidentemente, dos visiones muy diferentes.

¿Se puede decir dos socialismos?

¿O Bernstein dio origen a otra cosa diferente al socialismo y al liberalismo/ capitalismo duro?

Por supuesto, surgieron las críticas al hereje.

Líderes como Luxemburgo, Lenin y Kautsky acusaron a Bernstein de traicionar el marxismo, por su acercamiento al liberalismo y su rechazo a la teoría de las crisis y la revolución.[9]

Rosa Luxemburgo respondió con su famoso panfleto Reforma o Revolución. Ella decía que las reformas eran necesarias para mejorar la vida del obrero, pero que nunca podrían sustituir a la revolución, porque el Estado capitalista no se dejaría «reformar» hasta desaparecer. Para ella, Bernstein estaba abandonando el socialismo para convertirse en un simple liberal progresista.

Luxemburgo lo calificó de oportunista y lo acusó de despojar al socialismo de su carácter de clase, mientras Lenin y Kautsky lo consideraron un falseador de Marx y un traidor al proyecto revolucionario.

La oposición se centró en que Bernstein debilitaba la lucha revolucionaria y promovía una socialdemocracia reformista que podía impedir la revolución comunista.

Los quiebres y pliegues dentro de tan enorme movimiento socialista, con países tan diferentes y necesidades o intereses distintos, son mucho más intrincados que la sola herejía de Bernstein.

De hecho, la división entre marxistas y anarquistas, así como los intereses rusos en la gesta de su revolución -entre otros- fueron relevantes en esta progresiva desunión.

Aquí elegimos destacar su pensamiento porque entendemos que representa en gran medida la matriz conceptual del modelo nórdico.

Destacando, además, que esta discusión ideológica lleva ya más de cien años…

Finalicemos este apartado histórico con una referencia importante:

Para el inicio de la Primera Guerra Mundial, el socialismo era una fuerza política imparable en casi toda Europa Occidental, pasando de pequeños grupos clandestinos a movimientos de masas con millones de votos.

En 1914, la mayoría de los partidos socialdemócratas europeos apoyaron a sus propios gobiernos en la guerra, rompiendo el ideal de «solidaridad internacional obrera». Esto enfureció a los radicales como Lenin y Rosa Luxemburgo.

Surgieron dos grandes tendencias, los movimientos más combativos, cuyos recursos como las huelgas, manifestaciones, acciones violentas, fueron parte de su agenda siempre vigente y los movimientos basados en la cooperación y en las instituciones.

El surgimiento de un modelo

La escena previa al «milagro nórdico» del siglo XX es de una pobreza estructural profunda y una emigración masiva.

Para entender cómo eran Suecia, Noruega, Dinamarca y Finlandia antes de su transformación, debemos considerar sus características socioeconómicas a finales del siglo XIX y principios del XX:

A mediados del siglo XIX, la región era una de las más pobres de Europa. Eran sociedades eminentemente rurales y dependientes de una agricultura de subsistencia en climas extremos. A diferencia del feudalismo europeo más rígido, había muchos pequeños propietarios, pero sus parcelas eran insuficientes para sostener a familias numerosas, lo que generaba una clase de jornaleros sin tierra muy empobrecida.

Suecia y Finlandia sufrieron hambrunas severas (como la de 1867-1869), causadas por malas cosechas y un aislamiento geográfico que dificultaba el comercio.

Debido a la falta de oportunidades y la presión demográfica, se produjo un éxodo masivo hacia América (principalmente Estados Unidos). Se estima que 1 de cada 4 suecos emigró entre 1850 y 1920. Noruega perdió un porcentaje de población similar, siendo en ese momento el segundo país (después de Irlanda) con mayor tasa de emigración per cápita.

Antes de la socialdemocracia, estos países eran monarquías con estructuras de poder conservadoras y redes de seguridad social casi inexistentes.

Un factor clave que luego facilitaría el modelo de bienestar era su alta homogeneidad étnica, lingüística y religiosa (luteranismo).

La ética del trabajo y la alta tasa de alfabetización (impulsada por la Iglesia para que todos pudieran leer la Biblia) crearon una base de capital humano que fue crucial cuando llegó la industrialización.

El cambio no fue mágico ni exclusivamente estatal; empezó con un liberalismo económico sólido a finales del siglo XIX.

El punto de inflexión hacia la democracia liberal moderna ocurrió en la década de 1930. Ante la Gran Depresión, en lugar de optar por extremismos, los sindicatos obreros y las asociaciones patronales llegaron a acuerdos históricos (como el Acuerdo de Saltsjöbaden en Suecia, 1938).

Suecia aprovechó sus recursos naturales (hierro y madera) para industrializarse rápidamente. Noruega se centró en la pesca y en tener una de las flotas mercantes más grandes del mundo, mucho antes del descubrimiento del petróleo en 1969. Dinamarca transformó su agricultura tradicional en un sistema cooperativo de exportación de lácteos y carne de alta eficiencia.

Cuando llegó la industria,los sindicatos se organizaron muy rápido y con mucha disciplina, siguiendo el modelo alemán.

En Suecia, Noruega y Dinamarca, las confederaciones sindicales (como la LO – Landsorganisationen) fueron los actores pragmáticos. Tras décadas de huelgas y conflictos muy duros en los años 20, los líderes sindicales comprendieron que, para financiar mejores salarios y servicios públicos, necesitaban que las empresas fueran rentables y eficientes. En lugar de buscar la nacionalización de la industria (el modelo soviético), optaron por dejar la propiedad en manos privadas a cambio de tener voz en las condiciones laborales y una red de seguridad social.

Durante la Gran Depresión de los años 30, se produjeron los famosos «acuerdos de crisis». Los partidos que representaban a los trabajadores urbanos se aliaron con los partidos agrarios (que representaban a los pequeños y medianos agricultores). Estos campesinos eran propietarios de tierras y firmes defensores de la propiedad privada, pero necesitaban subsidios estatales y protección frente a la crisis. El intercambio fue que los trabajadores apoyaron los precios agrícolas y los agricultores apoyaron las leyes de bienestar y los derechos sindicales (pacto rojo-verde, laboralistas y agrarios).

Del otro lado de la mesa, la patronal y los partidos liberales/conservadores aceptaron el reconocimiento de los sindicatos y el pago de impuestos altos. Su motivación fue el miedo a la inestabilidad, preferían un sistema predecible con paz social y una fuerza laboral educada y sana, antes que el riesgo de una revolución socialista o el colapso económico.

Antes que partidos políticos de peso, crearon una red masiva de cooperativas de consumo y producción, lo que generó una cultura de colaboración muy fuerte basada en el corporativismo democrático. Esto significa que las leyes importantes no se aprueban solo por mayoría parlamentaria, sino tras largas consultas con comisiones de expertos, sindicatos y organizaciones civiles, generando una estabilidad institucional muy alta y baja polarización.

Basados en las ideas de Eduard Bernstein, aceptaron el libre mercado y la propiedad privada, primero crecieron económicamente y luego financiaron servicios públicos de excelencia. Eso fue posible gracias a los acuerdos entre sindicatos, productores, empresarios y el Estado.

Combinaron un capitalismo de libre mercado con un sólido estado de bienestar, altos impuestos y negociación colectiva, seguridad jurídica y libertad económica[10].

Se basaron en la intervención estatal para redistribuir la riqueza, garantizando educación y salud universales, además de servicios sociales de alta calidad.  Han logrado escasa evasión fiscal porque la gente confía en que se invierte en servicios de manera adecuada con baja burocracia (bajo gasto político, alto gasto social) y una sociedad con altos niveles de confianza y participación política.

Se promovió a los sectores productivos e industriales con políticas de aliento y apertura al comercio exterior. Tienen impuestos muy altos al consumo y a las personas, pero no a las empresas (para que sigan siendo competitivas).

Incluyeron una alta inversión en capital humano, seguridad laboral flexible («flexiseguridad») que es un punto medio entre los dos conceptos tradicionales y consiste en mantener tanto la protección al trabajador como la capacidad de crecimiento de las empresas.

En lugar de proteger puestos de trabajo específicos que pueden quedar obsoletos, el sistema protege al trabajador, dándole las herramientas para saltar de un empleo a otro sin caer en la precariedad.

La formación no termina con el título universitario o técnico. En estos países, se asume que un trabajador cambiará de carrera o necesitará actualizarse varias veces. Los cursos de recapacitación suelen ser gratuitos o estar fuertemente subsidiados por el Estado.

Las empresas ven la formación como una inversión, no como un costo y permiten que los empleados dediquen horas de su jornada laboral al estudio.

Este modelo combina una alta flexibilidad para contratar y despedir con una red de seguridad social robusta. La pieza clave es la Política Activa del Mercado de Trabajo (ALMP): si pierdes tu empleo, el Estado no solo te da un subsidio, sino que te «obliga» y te ayuda a entrar en programas de formación intensiva para sectores con alta demanda.

El objetivo es que el periodo de desempleo sea una fase de transición productiva.

Prácticamente no hay empleo informal (en negro), los subsidios de desempleo son financiados por el Estado, los propios trabajadores y los empresarios y administrados por los sindicatos que se hacen responsables de su pago. Hay un proceso de seguimiento (si a los tres meses de paro laboral, la persona desempleada no consiguió empleo, se le ubica en un trabajo disminuyendo al máximo las situaciones fraudulentas).

Los países nórdicos están entre los más altos de inversión de su PIB en formación laboral.

Es un modelo de desarrollo que tiene un alto valor de equidad, uno de los ejes centrales. Los nórdicos tienen el coeficiente de Gini (medida estadística más utilizada para medir la desigualdad de ingresos o riqueza en una población, variando entre 0 -igualdad total- y 1 desigualdad máxima) más bajo del mundo: alrededor del 0.25.

Eso es lo que hoy se suele denominar la socialdemocracia moderna.

¿Es socialismo? ¿Es capitalismo?

¿Es otra construcción política?

No adhiero particularmente al término moderado o de centro ya que asumir esa perspectiva implica sostener los principios de los extremos, pero atenuados.

Y entiendo que en el modelo nórdico ocurrió otra cosa.

Supieron entender la fecundidad del capitalismo como motor de progreso, pero también que ese mismo motor debe ser regulado en pro del bienestar de todas las personas, del territorio, de la nación. Comprendieron la prosperidad como algo en conjunto.

Lo que los países del modelo nórdico alcanzaron es la posibilidad de llevar a cabo un modo sistemático y perdurable de vivir bien, adaptándose a los cambios, sorteando crisis, sosteniendo un alto nivel de autocrítica y ejerciendo el consenso y la cooperación como principio rector. Valoran el esfuerzo y el trabajo y enaltecen el obrar honesto.

¿Tiene problemas? Por supuesto. Como todas las sociedades. Hoy enfrentan dos muy concretos (entre otros): la caída demográfica (su envejecimiento) y la migración que les puede hacer tambalear su equilibrio si la fuerza productiva decae en idoneidad y en capacidad de aporte al sistema para que siga siendo próspero.

¿Lo resolverán? Al menos tienen más herramientas que otros países cercanos que enfrentan los mismos problemas y que arrastran aún una discusión ideológica irresuelta por más de un siglo.

Lo mejor que nos enseña el modelo nórdico es que los bastiones de ideas no siempre nos procuran el bien común.

Muy por el contrario, el disenso constante y la oposición ideológica cerrada degradan la trama social y atan de manos al progreso.

Lección atesorable para todas las personas que vivimos en países que aún tienen mucho por resolver.


[1] https://hdr.undp.org/system/files/documents/global-report-document/hdr2023-24overviewsp.pdf

[2] https://www.socialprogress.org/indice-de-progreso-social-global-alti-2025

[3] https://www.worldhappiness.report/

[4] https://www.memo.com.ar/opinion/democracias-autocracias-bohorquez/

[5] https://www.memo.com.ar/opinion/isabel-bohorques-la-revolucion-traicionada/

https://www.memo.com.ar/opinion/democracias-politica-moderna-bohorquez/

[6] https://elordenmundial.com/mapas-y-graficos/cambios-fronteras-europeas-1914-2020/

[7] https://dokumen.pub/las-premisas-del-socialismo-y-las-tareas-de-la-socialdemocracia.html

[8] https://clubtocqueville.com/wp-content/uploads/2025/06/Paper-Club-Tocqueville-41-Bernstein-def.pdf#:~:text=Siendo%20%C3%A9ste%2C%20sin%20duda%2C%20un%20triunfo%20p%C3%B3stumo%20de%20Bernstein.

[9]https://kmarx.wordpress.com/2013/08/14/la-nocion-de-revolucion-en-bernstein-kautsky-y-rosa/#:~:text=trabajadores.%20%E2%80%9CLa%20socialdemocracia%20no%20pretende%20destruir%20%C3%A9sta,(B%C3%BCergerthum)%20o%20la%20condici%C3%B3n%20de%20ciudadano%20(B%C3%BCrgersein) 

[10] https://revistas.ulima.edu.pe/index.php/ddee/article/view/5728/5987

https://www.eldiplo.org/notas-web/las-claves-del-virtuoso-modelo-nordico

https://www.investopedia.com/articles/investing/100714/nordic-model-pros-and-cons.asp

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