El Dios del Islam (segunda parte)

Presente y alianza con la izquierda: el islamogauchismo

Isabel Bohorquez

Gracias al Memo de Mendoza por confiar siempre https://www.memo.com.ar/opinion/islamismo-gauchoislamismo/

En el texto del domingo pasado abordamos El Dios del Islam[1] y al respecto, tres preguntas indispensables.

Quedaron pendientes dos de esas preguntas que abordaremos aquí:

  1. ¿Cuál es la actualidad del islamismo en pleno siglo XXI?
  2. ¿Por qué el progresismo de izquierda, intelectuales, académicos y militantes, apoyan a los regímenes islámicos radicales teocráticos?

El islamismo hoy: ¿resurgimiento de un imperio?

Actualmente en el mundo hay aproximadamente 1800 millones de musulmanes (algunos registros estadísticos afirman que alcanzan los 2000 millones).[2] La mayoría de los musulmanes residen en el norte y centro de África, Oriente Medio y el sudeste asiático.

El islam es la segunda religión más grande del mundo y se proyecta que superará en número a los cristianos para 2050. “El informe (del año 2025), el segundo de este tipo desde la encuesta mundial sobre religión de Pew de 2010, ofrece un panorama demográfico completo basado en más de 2700 fuentes de datos de 201 países. Examina las tasas de fertilidad, la mortalidad, la migración, la distribución por edad y los patrones de conversión para comprender cómo han crecido —o disminuido— los grupos religiosos entre 2010 y 2020. Un aspecto central de los hallazgos es el explosivo crecimiento de la población musulmana. En tan solo diez años, la población musulmana mundial aumentó en 347 millones de personas, más que todos los demás grupos religiosos juntos. Este aumento se atribuye principalmente a las altas tasas de natalidad y a una mediana de edad más joven en regiones predominantemente musulmanas como Oriente Medio, el Norte de África y el África subsahariana. Solo en Asia-Pacífico, donde se encuentra el mayor número de musulmanes, la población musulmana creció más del 16 % durante el período”[3].

Ese enorme conglomerado de creyentes islámicos se divide en 4 grupos según la aplicación de la ley islámica (sharia)[4]:

1. Países con sistemas basados en la sharía (repúblicas islámicas o teocracias): son el núcleo más rígido, donde la ley religiosa y la ley civil son prácticamente la misma, presentes en la Península Arábiga (Arabia Saudita), Irán y Afganistán (bajo el régimen talibán es el sistema más restrictivo del mundo). El sistema político está diseñado para que la religión controle las instituciones del Estado.

2. Sistemas híbridos (doble legislación): en estos países existe una ley civil (basada a veces en el código napoleónico o británico) para lo comercial y penal, pero la sharia rige exclusivamente los “asuntos personales” (matrimonio, divorcio, herencia), no son teocracias puras, aunque la religión tiene un peso institucional enorme. Abarcan la mayor parte del norte de África (Egipto, Argelia, Marruecos) y partes del sudeste asiático (Malasia), Pakistán y Mauritania se definen como repúblicas islámicas, aunque tienen sistemas legales híbridos donde conviven leyes civiles con tribunales religiosos. Malasia e Indonesia son democracias, pero con una fuerte presión de partidos islámicos que logran implementar leyes religiosas en ciertas provincias (como Aceh en Indonesia).

3. Estados con el islam como religión oficial, pero donde rigen leyes civiles: El Estado se declara musulmán, pero sus leyes no emanan directamente del Corán, sino de su parlamento por lo que la religión es un símbolo de identidad nacional, presentes en países como Jordania, Kuwait o Libia.

4. Estados Laicos con mayoría musulmana: son países donde, por constitución, el Estado es independiente de la religión, aunque la población sea mayoritariamente practicante. El ejemplo más claro es Turquía, seguido de países en Asia Central (como Kazajistán o Uzbekistán, actualmente atraviesan conflictos con sectores islámicos radicales)[5] que heredaron el laicismo de la era soviética y también Albania en Europa.

Si consideramos la población musulmana según el porcentaje de habitantes por país, el mapa refleja lo siguiente[6]:

Se estima que la diáspora musulmana por el mundo alcanza los 80 millones de inmigrantes.

Un estudio de Pew Research de 2020 estima que aproximadamente 80 millones de musulmanes representan el 29% de todos los migrantes internacionales, ligeramente por encima de su participación del 25% en la población mundial. La mayoría de estos migrantes se concentran en la región de Medio Oriente y África del Norte (40%), seguida del área de Asia y el Pacífico (24%), Europa (20%) y África subsahariana (10%), con solo el 6% en América del Norte.[7]

Excede la posibilidad de este texto analizar el conjunto de razones que han generado esta diáspora, así como la distribución de la población en países que se reconocen musulmanes (árabes o no) y que se componen principalmente por las dos ramas históricas: los chiíes y los suníes.

Ambas ramas creen en el cumplimiento de la ley islámica, solo que tienen una interpretación diferente (que no implica que una sea más moderada que la otra) y han sido parte de los conflictos que se sostienen desde sus orígenes.

En resumen, el islamismo crece, su población es joven y está determinada a incrementar su tasa de natalidad, a diferencia de Occidente que envejece, tiene una tasa de natalidad en vertiginoso descenso desde hace años y no ha tenido una política migratoria que resguarde las condiciones jurídicas ni las tradiciones culturales como para sostener su identidad nacional y regional.

Más allá de cualquier teoría interpretativa de ese crecimiento, la expansión es un dato demográfico concreto que permite entrever una forma de colonialismo gradual pero perdurable.

¿Cuál es el problema potencial de esa colonización o de esa imposición cultural que podría suceder si las circunstancias se mantienen tal como lo reflejan los datos?

El fundamental problema es entre el estado de derecho (tal como lo entendemos en Occidente) y las reglas religiosas. Recordemos que islam significa sumisión a Dios que desde su origen es un sistema religioso-político.

A diferencia de los países del Medio Oriente, en Occidente (Nueva York, Londres, Sídney, por ejemplo) rige el constitucionalismo laico. Esto significa que ninguna regla religiosa puede estar por encima de la ley civil. Si la pretensión de las diversas comunidades de inmigrantes islámicos es la de aplicar las normas de la sharía, en ningún país de Occidente estas reglas deberían tener validez legal.

¿Qué está pasando en los países no musulmanes donde las comunidades inmigrantes van creciendo vertiginosamente? Se generan sociedades paralelas y se potencia el riesgo de imposición cultural.

En general, en los países europeos de tradición colonialista (Francia, España, Reino Unido, etc.) aplicaron el multiculturalismo permitiendo que las comunidades se autogestionaran. Ello permitió el surgimiento de guetos o sociedades paralelas donde las reglas islámicas pesan más que las leyes del país.

La paradoja es que la libertad occidental les ha ido permitiendo a diferentes comunidades islámicas hacer uso de esa libertad para imponer sus restricciones religiosas.

Australia y Nueva Zelanda están en un proceso de restricción a la inmigración tras los ataques terroristas (como el de Christchurch en 2019 o el de Sídney en 2025), lo que ha llevado a políticas de seguridad más estrictas y a una mayor exigencia de “valores nacionales” para los inmigrantes.

Miles de musulmanes buscan integrarse y practicar su fe en privado, respetando las leyes occidentales, aunque algunos sectores -activistas políticos- buscan la imposición cultural usando las herramientas de la democracia (votos, protestas, etc.) para pedir cambios que se ajusten a su fe (comida halal en escuelas, días festivos, etc.).

Y la mayor amenaza la constituyen los sectores financiados por los regímenes islámicos que rechazan la democracia occidental y pretenden establecer zonas donde rija la sharia, ese es el islamismo político que pretende acceder al poder.

En muchos países de África subsahariana, el Estado es laico, pero hay grupos insurgentes (como Boko Haram en Nigeria) que intentan imponer regímenes islámicos por la fuerza, cometiendo masacres de aldeas enteras en ciertas regiones.

Entonces, no es solo el crecimiento demográfico el factor de una posible imposición cultural del islamismo sino -y fundamentalmente- la aspiración política de gobernar según los regímenes islámicos lo que hoy se refleja en cifras que son estremecedoras.

¿La transnacionalización de la Umma (comunidad islámica) podría ser el objetivo?

Un estudio realizado por Fondapol afirma que los ataques islamistas en todo el mundo son hoy más numerosos que nunca: “Entre 1979 y abril de 2024, registramos 66872 ataques islamistas en todo el mundo. Estos ataques causaron la muerte de al menos 249941 personas”[8]

Nuevamente, nos supera la capacidad de extendernos en un análisis sobre las razones por ese incremento de violencia islámica radicalizada, pero entiendo que queda descripto el fenómeno de crecimiento y sostenimiento de la visión religiosa-política que produjo en su momento uno de los mayores imperios del planeta.

El aliado del islamismo: la izquierda internacional

Esa es -quizá- la paradoja política más extraña de nuestro tiempo.

Para entender por qué sectores de la izquierda occidental (que actualmente defienden el feminismo, los derechos LGTBIQ+, el laicismo y la libertad de expresión) terminan alineados con grupos como Hamás (que son teocráticos, patriarcales y autoritarios), debemos analizar la lente ideológica con la que miran el mundo.

No es que la izquierda comparta la religión de Hamás o del ayatolá Jamenei, por ejemplo; es que comparten un enemigo común: Occidente. Como son enemigos de Israel y del orden establecido por EE. UU., sectores de la izquierda los ven como un mal necesario o una resistencia legítima contra el imperialismo.

Esto encuentra fundamento para gran parte de la izquierda moderna, en el hecho de que el mundo no se divide entre “democracia vs. teocracia o dictaduras” sino entre “opresores vs. oprimidos”.

En este esquema, Occidente es el “colonizador/opresor”. Cualquier grupo que se enfrente a ese opresor es automáticamente clasificado como un “movimiento de liberación”, sin importar que sus métodos o su ideología interna sean profundamente reaccionarios.

A esta visión se le denomina la teoría de la interseccionalidad y el “oprimido”, acuñada por Kimberlé Crenshaw en 1989, quien analiza cómo diversas formas de desigualdad (raza, género, clase, etc.) se entrelazan y amalgaman, creando experiencias únicas de opresión en lugar de simplemente sumarse. El “oprimido” no es un sujeto homogéneo, sino alguien cuya marginación varía según la intersección de sus identidades sociales.  La interseccionalidad propone que la opresión no funciona de manera aislada (por ejemplo, “solo género” o “solo raza”), sino de manera estructural y simultánea y se centra en las experiencias de grupos vulnerables que enfrentan múltiples factores de discriminación, como mujeres de color, personas LGBTQ+ con discapacidad, entre otros.[9]

La izquierda asume así una mirada de “racialización” (por raza) del islam. Desde este enfoque, el musulmán no es solo un creyente, sino un “sujeto racializado” y oprimido por el sistema blanco-occidental. Por tanto, apoyarlo es un acto de justicia social, independientemente de si sus valores religiosos son conservadores.

La doble vara moral con que la izquierda juzga el patriarcado de Occidente y a la vez justifica o guarda silencio frente al patriarcado y la opresión de las mujeres en las sociedades islámicas radicales, por ejemplo, bajo el argumento del “respeto a la cultura” ha desencadenado una incongruencia de fundamento que hoy es parte de la discusión pública.

En el fondo de la cuestión, la izquierda internacional manifiesta un legado de la guerra fría donde persiste la visión de que “el enemigo de mi enemigo es mi amigo”. Y ese antimperialismo norteamericano “a cualquier precio” los lleva a ignorar que, si Hamás (para seguir con el ejemplo) lograra sus objetivos, lo primero que haría sería eliminar a esa misma izquierda laica como ya ocurrió en la revolución iraní de 1979, donde los islamistas ejecutaron a los comunistas que los ayudaron a llegar al poder.

Entonces, ¿de qué alianza se trata?

La izquierda apoya estos movimientos no por su agenda religiosa (que es opuesta a la suya), sino porque el islamismo es el único movimiento actual con capacidad real de desafiar el orden hegemónico de Occidente. Es una “alianza de conveniencia” donde la izquierda aporta la narrativa intelectual de “oprimido vs. opresor” y el islamismo aporta la fuerza de movilización y la resistencia cultural.

Mientras que el islamismo, entendido como un movimiento político-religioso que aspira acceder al poder, tiene por objetivo geopolítico la sustitución del orden internacional de leyes humanas por un orden de leyes divinas (sharia), visto como el único camino hacia la justicia social; se asocia al relato de la izquierda porque le permite posicionarse como la opción liberadora en la vidriera política internacional.

¿Por qué Occidente es el enemigo común?

Los estudios que analizan los procesos colonialistas (respecto a los cuales Europa parece tener algún tipo de complejo de culpabilidad) plantean perspectivas postcoloniales y decoloniales. ¿Qué es esto? Son perspectivas críticas que analizan el impacto perdurable del colonialismo en la cultura, la política, la economía y el saber, cuestionando la hegemonía eurocéntrica. Mientras los postcoloniales se enfocan en los discursos culturales y la literatura tras la descolonización (principalmente en Asia/África), los decoloniales enfatizan la «colonialidad del poder» persistente desde 1492, buscando desmantelar estructuras coloniales raciales y epistémicas.

Para esta perspectiva, el rol de Occidente, particularmente Europa, ha sido sinónimo de imposición de poder y, por ende, de injusticias, de opresión y de sometimiento del que hay que liberarse, incluso hoy en día. Por lo tanto, la hegemonía blanca europea heterosexual y patriarcal debe ser combatida e incluso exterminada. ¿Les resulta conocido? La cuestión de raza es colonial, la cuestión de identidad (europea) es colonial, la cuestión de género (heterosexual) es colonial, la cuestión patriarcal (masculina) es colonial y por lo tanto forzada, impuesta y opresora.

Tremendo e insostenible dilema ideológico…

Según esta teoría existe una colonialidad persistente que impone los valores de Occidente (capitalismo, democracia liberal, laicismo, heterosexualidad, etc.) como los únicos válidos. El argumento de la izquierda -que adhiere al decolonialismo- es que ve en el islamismo un aliado táctico porque ambos rechazan el imperialismo cultural y económico de EE. UU. y Europa.

Los estudios decoloniales argumentan que el laicismo (separar Iglesia-Estado) es a veces una herramienta de opresión contra las minorías. Por eso, la izquierda decolonial defiende el uso del velo o las leyes religiosas como formas de “resistencia identitaria” frente a la asimilación forzada.

La izquierda traslada esa resistencia al “musulmán oprimido” (el condenado de la tierra, en términos de Frantz Fanon) en un giro inverosímil que plantea la validación de los saberes islámicos como una recuperación de su propia historia y leyes argumentando el epistemicidio (destrucción del pensamiento islámico) que Occidente ha provocado en estos pueblos y por lo tanto la izquierda debe ayudar a “re-empoderar” estas visiones religiosas para equilibrar el mundo. Extendiendo ese empoderamiento a la noción de derechos humanos, dado que imponer los derechos humanos occidentales en sociedades musulmanas es “imperialismo de los derechos humanos”.

La consiga fundamental es que primero debe caer el dominio occidental; luego, cada pueblo decidirá sus propias libertades desde su propia cultura (el concepto de pluriversalidad).

La fórmula de la izquierda es que el apoyo al islamismo se basa en Occidente es opresor, el islamismo resiste a Occidente y entonces el islamismo es, por lo tanto, una fuerza de liberación. Cualquier crítica a sus valores internos es “islamofobia” o “mentalidad colonial”.

Eso nos ayuda a entender por qué sectores que parecen ideológicamente opuestos (feminismo/progresismo vs. tradicionalismo religioso) terminan marchando juntos. El marco de la decolonialidad explica esta unión no como una coincidencia, sino como una estrategia de resistencia compartida contra un enemigo común: la hegemonía occidental.

Un artículo absolutamente recomendable, “Islamogauchisme”[10] describe este fenómeno de la alianza entre islamismo e izquierda y recurre a un término controversial, pero a mi criterio esclarecedor, el “islamoizquierdismo”: “(…) para designar un movimiento político que está llevando a grupos y personas de izquierda a adoptar actitudes de apoyo a los islamistas y a cultivar, junto a ellos, un antisemitismo militante, (…) similar al que se cultivó en la Alemania nazi”.

En dicho artículo, su autora Esperanza Aguirre -quien fuera ministro de Educación de España-, apela a Michel Houellebecq en su novela Sumisión y cita al personaje principal, un profesor universitario que dice respecto “(…) el islamogauchisme como ‘un intento desesperado de marxistas descompuestos, podridos, en estado de muerte clínica, por levantarse del basurero de la historia para juntarse a las fuerzas ascendentes del islam´ (…)”.

 Aguirre advierte sobre una cuestión crucial a mi entender: la izquierda perdió su sujeto revolucionario, el proletariado. Lo perdió luego de la caída del muro de Berlín, por ineficacia en la lucha social, lo perdió porque el comunismo no ha sido la respuesta que los pueblos sostuvieron por su propia voluntad sino más bien por imposición y resignación, etc. El hecho es que se quedó sin sujeto revolucionario y debió construir otro.

Lo encontró en los grupos y colectivos de los que se asumió representante: mujeres, homosexuales, minorías sexuales, pueblos colonizados, grupos raciales, regiones con aspiraciones de ser estados, etc. O, incluso, en nombre del propio planeta, del que se arroga en exclusividad su defensa.

“(…) el islam, al que se quieren unir las izquierdas europeas, no es el islam que ha cohabitado durante siglos con países y sociedades cristianas, sino el islam, que, yendo a la letra más agresiva del Corán, preconiza la lucha contra el infiel. Y el infiel somos todos. Y, sobre todo, los judíos”.

Este nuevo sujeto revolucionario armado a la medida de la necesidad de supervivencia de la izquierda internacional, tiene un costado aún más preocupante: el borramiento del sujeto histórico, con identidad local, nacional, cultural, al que le toca el rol de infiel colonizador occidental. El sujeto revolucionario es un oprimido militante (creyente) transnacional y anacrónico. Se desprecia así, la historicidad de los pueblos, de la gente, sus biografías, sus anecdotarios, sus creencias, su fe, con el justificativo de un pasado colonizador opresor aún vigente.

¿Qué hará Occidente frente a esta alianza que tiene activamente militando dentro de su propio territorio?

¿Qué haremos?


[1] https://www.memo.com.ar/opinion/islamismo/

[2] https://worldpopulationreview.com/country-rankings/muslim-population-by-country

[3] Islam es la religión que más crece en el mundo, aunque cristianismo es la más numerosa, según estudio – ZENIT – Espanol

[4] https://ar.inspiredpencil.com/pictures-2023/countries-that-practice-sharia-law

[5] https://www.osw.waw.pl/en/publikacje/osw-commentary/2024-03-29/islamic-state-khorasan-global-jihads-new-front

[6] ec3e03505e557d668ac7cac8b6e88203–islam.jpg (639×341) https://i.pinimg.com/736x/ec/3e/03/ec3e03505e557d668ac7cac8b6e88203–islam.jpg

[7] PR_2024.08.19_religious-composition-migrants_report PDF (www.pewresearch.org)

[8] https://www.fondapol.org/en/study/islamist-terrorist-attacks-in-the-world-1979-2024/

Derechos de autor: Fondapol

Fuente: Marco interpretativo: Entre 2013 y 2024, se produjeron 56.413 ataques islamistas en todo el mundo, lo que representa el 84,4 % de todos los ataques registrados desde 1979.

[9] https://es.scribd.com/document/458694613/La-interseccionalidad#:~:text=en%20derechos%20humanos-,La%20interseccionalidad%20es%20un%20enfoque%20%C3%BAtil%20para%20identificar%20la%20discriminaci%C3%B3n,y%20desarrollar%20soluciones%20m%C3%A1s%20completas.

[10] https://theobjective.com/elsubjetivo/opinion/2023-10-25/islamoizquierdismo-espanol/

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